Antes del huracán / Kiko Amat

Portada de «Antes del huracán», de Kiko Amat. Ed. Anagrama, 2018. Colección «Narrativas hispánicas», v.606
Portada de «Antes del huracán», de Kiko Amat. Ed. Anagrama, 2018. Colección «Narrativas hispánicas», v.606

Esta vez me estreno con Kiko Amat y su novela «Antes del huracán», publicada en 2018 (si no me equivoco, la más reciente). A este autor le eché el ojo gracias a sus prólogos en un par de novelas (La maldición gitana que ya reseñé en su día y Pánico al amanecer que reseñaré próximamente) y me alegra haber decidido probar alguna una novela suya. Me ha flipado su estilo, con total seguridad continuaré leyendo el resto de su obra.

Sobre el autor: Kiko Amat

Kiko Amat (1971) nació en la periferia de Barcelona (Sant Boi de Llobregat) y es de esos autores que antes de dedicarse exclusivamente a la escritura han estado acumulando experiencias de todo tipo. A los 17 deja los estudios y va currando de lo que le sale y termina mudándose a Londres donde trabaja durante cinco años en un hotel. Finalmente en 2003 tras publicar su primera novela juró que no volvería a limpiar vómitos de un inodoro (ajeno) en su vida (como dice en su propio blog).

Retrato de Kiko Amat

Parece que ha conseguido su cometido: felicidades, colega, tus lectores también estamos de enhorabuena. Tiene bastantes novelas publicadas (la próxima que espero leer es Rompepistas), un par de libros de no ficción, muchísimos prólogos para otros autores (así es como me topé con él) y escribe habitualmente en El País. Irreverente, directo, irónico, da rienda suelta al boli y menea la muñeca como si empuñase una siete muelles.

Acabo de abrir la puerta que lleva su nombre y me alegra saber que tengo Kiko para rato.

Antes del huracán (sembrando vientos)

Antes del huracán es una novela que trata cómo cualquier cabeza, cualquier psique, puede un día fragmentarse del todo, sobretodo cuando hay un buen caldo de cultivo. El personaje sobre el que gira la historia es Curro, el cual lleva más de veinte años internado en un psiquiátrico. En dicha institución cuenta con Plácido, su apoyo, su amigo, una especie de Sancho Panza que tampoco anda demasiado cuerdo. Como curiosidad, la madre de Kiko Amat era auxiliar del manicomio local así que, seguramente, esto haya influido a la hora de abordar este tema en la novela.

Curro, antes del huracán, tuvo su infancia, el cole, su amigo Priu (su primer Sancho), sus tebeos, sus cromos de fútbol y una serie de circunstancias (genética, familia y sociedad) que le fueron empujando poco a poco al abismo. Por tanto, la novela narra la vida de Curro en dos tiempos diferentes: su situación actual y cómo fue su infancia, tratando de indagar en cuál fue el detonante que terminó de romperle en cachitos.

A veces me pregunto cómo eran antes de lo que les sucedió. No nacieron así. ¿Se esperaban esto? Seguro que no. Nadie puede imaginar un futuro así. Ser uno más de los hombres rotos que babean bajo los plátanos de sombra, en los bancos de la rambla, fumando cigarrillo tras cigarrillo en la entrada del manicomio, apoyados en la tapia al sol, echando humo con muecas cómicas, la mirada opaca y los dedos amarillos, andando en círculos, interpelando a los transeúntes. Discutiendo con Dios. Creyendo que son Dios. Sin nadie que les quiera; sin madre ni novia. Porque, claro, nadie puede quererte cuando estás así. Mi abuelo cantaba a veces una canción que aprendió en la guerra; «el que se quiebra se quiebra / y nadie quiere a un quebrao / antes me llovían las hembras / y ahora me tiran pa un lao».

También hay algunos momentos en los que Curro narra su historia a un tercero y no al lector de la novela. Lo hace en forma de cartas dirigidas a su amigo Priu o soltándole una buena chapa a un colega en un bar. Mediante estos cambios (acompañados de un necesario cambio de estilo) se desvelan algunos detalles de su vida y de su familia, y permiten al propio Curro sincerarse y reflexionar sobre ese caldo de cultivo que mencionaba antes.

Kiko Amat y la crítica social

Más allá de la vida de Curro y de los renglones torcidos de Dios (si has leído la obra de Torcuato es inevitable que algunos momentos te recuerden a ella) esta novela retrata la sociedad de los ochenta y critica muchos de sus aspectos (de los cuales perviven bastantes).

Cielo gris rata, cielo piel de muerto, varias nubes fláccidas acumulándose en las esquinas del firmamento. El humo de las fábricas de El Prat y la Colonia Güell. La peste a pedo industrial llega hasta aquí desde La Seda de Barcelona, acarreada por el viento del este. Miro los terrados de los vecinos, a mi derecha. Las paredes blancas de yeso, también descascarilladas. Los depósitos cilíndricos de fibrocemento gris, con marcas de moho en los bordes. Las antenas de televisión, torcidas y escuálidas, en posturas raras; como pilladas en mitad de un picapared. Una de ellas tiene espinas de pez espada. Alambres para tender la ropa, tela metálica, una escalera de metal abandonada contra una chimenea, dos depósitos más en forma de caja de zapatos. En el aire flotan varios olores: ropa tendida, cemento empapado, caca de paloma.

Habla de la vida de un chavalín de extrarradio perteneciente a una familia de clase obrera empeñada en ajustarse a lo que de ella espera la sociedad (trabajar, escalar y emular la vida de los famosos). Hay cabida para la ambición y la envidia, la búsqueda de la -inalcanzable- familia perfecta. Toda una historia de frustraciones, secretos e imitaciones que terminan asfixiando a los más vulnerables.

Conclusiones de Antes del huracán

Si no fuera porque me parece que se queda corto diría «me ha flipado que te cagas», pero creo que merece algunas palabras más. La verdad es que al principio de la lectura me reí mucho con las escenas de Curro y Plácido en el manicomio, pero terminé arrepintiéndote de haberme reído en alto: están muy jodidos y eso no tiene ni puta gracia. Conforme vas conociendo la infancia de Curro y las señales de socorro a las que nadie prestó atención, se te va creando un nudo en el estómago. Pasas de la risa a la indignación y después se te forma un nudo en la garganta que, al final, puede desembocar en alguna lagrimilla o, como poco, en un profundo suspiro.

El libro (que consta de 420 páginas) va ensombreciendo poco a poco tu humor, te adecúas al entorno en el que se mueven Curro y Priu. Aunque sigue teniendo bastantes momentos que son para reírse, ya no lo haces de la forma -casi- irrespetuosa en que lo hacías al principio: cachondeo sí, pero sin pasarse, esto es serio. Como cuando (en nuestra cultura) algo hace que te rías en un funeral y te arranca ese tipo de risa que es más fácil sobrellevar con unas gafas de sol puestas.

Su estilo directo, irónico, contemporáneo y crítico consigue atraer toda tu atención. Y, para más inri, te mantiene en suspense a lo largo de toda la novela, necesitas saber exactamente qué le ocurrió a Curro ¿Cuál fue el detonante? ¿Cuándo y cómo se rompió definitivamente? ¿Qué ha pasado con su familia? ¿Conseguirá fugarse del manicomio? Estas y otras preguntas te mantienen en vilo a lo largo del libro, pero poco a poco se irán resolviendo.

Un hurra por Kiko.


Fragmentos de Antes del huracán, de Kiko Amat

Mi abuelo era anticomunista, pero no tenia ganas de pelear en aquella guerra. Ya te lo puedes creer. O te crees que todos los nacionales eran fascistas fanáticos. Qué va, no va así, nunca va así, en ninguna guerra. Hay unos cuantos fervientes, unos cuantos pirados, y luego una gran masa que preferiría estar en otro lugar, follando o bebiendo o en el cine. Mi abuelo era así. Pues porque le obligaron, por qué va a ser. Es decir, le obligaron a enrolarse en el Ejército Republicano, que le tocaba por zona, y luego cambió de bando, claro. Tenía solo dieciocho años. ¿No te acuerdas cómo eras tú a los dieciocho? ¿Cuando hicimos la mili? Pues él lo mismo, lo hubiese solucionado con un partido de fútbol, o un pulso; piedra-papel-tijera. Lo que fuese menos pegar tiros.

Baja la persiana. La estancia se ensombrece, aunque rayas discontinuas de luz se dibujan en la pared de plástico y sobre la colcha blanca. Unos golpes en la puerta le indican que es la hora de tomar la medicación vespertina y, una vez que la haya tomado, se dormirá. Curro duerme mucho, más que nunca, más que Churchill. De niño pensaba en el sueño como una máquina del tiempo; te vas a la cama y el tiempo avanza, sin ti. Sin que tú estés consciente. Por tanto, puede ser que las cosas se arreglen mien tras tú no te hallas allí para presenciarlas. Ocho horas de sueños maravillosos, de aventuras sin fin, y de repente estás en el futuro, donde ya pueden pasar cosas buenas.

Yo voy para allí para ayudarle a levantar tengo un nudo en la garganta no te rías y mientras estoy tirando de él ahí se lía una buena porque los chicos vascos empiezan a pegar unos puñetazos al aire como de Bud Spencer y todo el mundo grita y los vascos berrean chakurras y askatu y no sé qué te juro es muy fuerte porque incluso les pegan de patadas en el suelo a los fachas aquellos que igualmente estaban bastante viejos y tripones vaya paliza, las mujeres llorando y toda la pesca, bueno no haberse casado con fascistas mira lo que le pasó a Eva Braun.

Una intensa emoción se adueñó de mi cuerpo. Eso es. Una de esas emociones sobre las que había leído tanto, pero que jamás había experimentado en mis propias carnes. La emoción de la resolución. El arrebato de un pensamiento puro, y de repente vislumbras una dirección, un camino de hierro hecho de raíles, y todo está tan claro de repente, se difumina lo que te rodea, solo ves ese punto luminoso, volcánico, es como si vislumbraras una ventana iluminada tras haberte extraviado en unos páramos lúgubres, y entonces sabes lo que tienes que hacer.

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