Jack el destripador en España / Agente Provocador

Portada de "Jack el destripador en España: Agente Provocador Nº2, 2ª ÉPOCA (Servando Rocha)". Ed. La Felguera Ilustración de Mario Rivière
Portada de «Jack el destripador en España: Agente Provocador Nº2, 2ª Época (Servando Rocha)». Ed. La Felguera Ilustración de Mario Rivière

Esta vez os presento el segundo estuche monográfico de la segunda época de Agente Provocador (La Felguera), titulado «Jack el destripador en España». A mi parecer, su plato fuerte es el cuadernillo que contiene el ensayo «Sinceramente suyo, Jack el destripador» firmado por Servando Rocha. El ensayo se acompaña de un póster inspirado en el crimen de Fuencarral 109 (autoría de Aitor Saraiba) y de un álbum ilustrado que recopila artículos periodísticos de la época realizado por Mario Rivière, quien también ilustra la portada del estuche.

Como el «Madrid Bohemio» (comentado en este mismo blog), se trata de una magnífica edición llena de curiosidades sobre costumbres y sucesos acontecidos en España a principios del Siglo XX. Esta vez el hilo conductor es la supuesta presencia de Jack el detripador en la península.

«Sinceramente suyo, Jack el destripador», ensayo de Servando Rocha

Portada y contraportada del ensayo "Sinceramente suyo, Jack el destripador" de Servando Rocha
Portada y contraportada del ensayo «Sinceramente suyo, Jack el destripador» de Servando Rocha. Portada: Irving Washington, The Legend of Sleepy Hollow (1898). Contra: Anónimo, The world of romance. A treasure of tales, legends and traditions (1892)

El primer elemento del que quiero hablar (de los tres que componen este monográfico, además del estuche que los recoge) es del interesantísimo ensayo que firma Servando Rocha: «Sinceramente suyo, Jack el destripador». En esta ocasión nos sorprende con una serie de sucesos ocurridos a principios del Siglo XX en España, en Madrid principalmente. Aunque el título de esta nueva entrega de Agente Provocador tiene al conocido Jack el destripador como protagonista, en realidad recupera muchos otros crímenes o costumbres oscuras de esa época y la forma en que la prensa los trató.

Es más que patente que tras este ensayo existe una minuciosa labor de investigación y documentación, tal y como lo atestigua la extensa bibliografía que se incluye al final. Mediante textos aparecidos en periódicos y revistas de diversos colores políticos (véase Estampa, El Imparcial, La Vanguardia, La época entre otros tantos) o publicados por autores como Pérez Galdós, Servando Rocha rescata muchas viejas historias, reales o legendarias.

Este ensayo invita a la reflexión (de forma más o menos directa) sobre asuntos como la desigualdad, el miedo, el morbo, la manipulación periodística y de qué forma influyeron en la sociedad de entonces. Aquí encontraréis un buen retrato de cómo se llega a generar el pánico colectivo.

-¿Ha visto alguien al Destripador?

Muchos y muchas dicen que le han visto; pero por las señas que dan de él, más que un destripaniños tiene trazas de ser un destripaterrones o un destripabotellas de vino. Y con estos informes se atrevían a respirar las almas medrosas e impresionables.

Leyendo entre líneas no es difícil darse cuenta de que, a pesar de los adelantos en tecnología o educación (nivel de alfabetización, como poco) algunas cosas no han cambiado tanto. Reflexiones aparte, voy a mencionar algunos de los puntos que más me han gustado del ensayo, pero quedan muchos más en el tintero.

Jack, Jaime, Yack, the Ripper, el Pipper, el Gaitero

Dentro de la historia que se esconde tras la supuesta presencia de Jack el destripador en España (tendréis que descubrirla vosotros) uno de los datos que más curioso me ha resultado es la costumbre que existía de castellanizar los nombres extranjeros por parte de la prensa. Jack era demasiado de fuera, ¿no? pues mejor Jaime, por el artículo 33. Y bueno, ya puestos, «Jaime el Gaitero».

En otra ocasión, se habló de Jaime «El Gaitero» (la disparatada unión entre «Ripper», es decir, «destripador» y «Pipper», «gaitero»): «Firma «Yack the Piper”, es decir, “Jaime el Gaitero»», añadió. (3)

Me parto.

El crimen de Fuencarral 109

Este fue uno de los crímenes más mediáticos y misteriosos ocurridos en Madrid a principios de siglo XX. Seguramente los estudiosos de esta parte oscura de nuestra historia lo conozcan, no era mi caso hasta ahora.

el crimen de la calle Fuencarral (su número 109), se convertirá en el Crimen, con mayúscula, y tras este incluso aparecerá la terrible sombra del Destripador.

Como consecuencia de este crimen una mujer terminó siendo ajusticiada (con el famoso método del garrote vil) en público por supuesta asesina, culpabilidad de la que aún existen más que dudas razonables. Me ha resultado muy interesante la historia contada y los textos publicados entonces. Este es uno de los casos en los que la pertenencia a una clase social u otra pudo tener mucho que ver con el fatídico final (de las víctimas y, principalmente, de la señalada como asesina).

Ella, por su parte, tampoco sabe gran cosa. Ignora que este es su último día en libertad y que morirá agarrotada un año después ante más de veinte mil personas. Lo contará Benito Pérez Galdós y lo verá Pío Baroja.

«El tío del crimen»: los contadores callejeros de crímenes

Cuando la tradición oral todavía tenía una función destacada en la sociedad, además ser una forma de expresión artística también lo era informativa. Del mismo modo que en los informativos actuales se incluye una sección de sucesos e incluso hay medios especializados en dichos temas, hace más de un siglo este tipo de noticias ya despertaban un gran interés en el público. Aquí es donde aparece «El tío del crimen»:

Los crímenes eran rentables. Las cabeceras se disputaban al público, siempre ávido de casquería. Los relatos de crímenes formaban parte de nuestro propio pasado, de la literatura de cordel y los antiguos romances de ciegos, y sobre todo en el «cantador» de crímenes, también conocido como «el Tío del crimen», que llegaba a los pueblos y ciudades a lomos de animales, con su carro con una gran tela que desplegaban y, en algunos casos, acompañándose de un músico, para luego apostarse en plazas y plazuelas aprovechando fiestas populares o lugares concurridos, y comenzar su perorata sobre descuartizamientos y aparecidos.

Esta historia es la que más de cerca me ha tocado. Desde pequeña he escuchado en casa que a mi bisabuelo le llamaban «Juan el criminal», no porque fuera criminal sino porque hacía exactamente lo mismo que «El tío del crimen». Iba por los pueblos de Andalucía (era de Jerez) contando historias sobre crímenes, creo recordar haber oído que «lo que mejor contaba eran los crímenes de Cuenca».

Así que, encontrar a este tío ha sido una grata sorpresa, no había vuelto a escuchar, ver o leer nada sobre este tipo de oficio.

Jack el destripador: álbum ilustrado y póster

Después de leer con gran atención e interés el ensayo de Servando Rocha es el momento de prestar atención a la parte gráfica.

Álbum iustrado (Mario Rivière)

Este álbum simula un ejemplar del periódico El imparcial (incluye precio de venta, suscripción, fecha de publicación, etc.) compuesto de textos e imágenes publicados sobre Jack o sobre Fuencarral 109 junto a ilustraciones creadas por Rivière. Hay fotografías de supuestas vícitmas, posibles sospechosos o un mapa con las localizaciones por que en teoría merodeó Jack el destripador.

Mide aproximadamente 70cmx100cm, tamaño toalla, vamos. Como diría Chano Lobato en sus Guajiras, te sientes leyendo un papelón de esos que llaman diario, pareciendo un millonario de esos de la población

Póster Fuencarral 109 (Aitor Saraibo)

Por último está el póster sobre el crimen de Fuencarral 109, autoría de Aitor Saraibo. Sus dimensiones son inferiores al álbum anterior (unos 70×50 cm.) En la parte trasera se incluyen dos textos de la época (poesía y prosa) relacionados con los crímenes que nos ocupan. Esta es la parte que menos me ha entusiasmado del estuche, cuestión de gustos.

Conclusiones de Jack el destripador en España, Agente Provocador

Como dije del Madrid Bohemio, este estuche es otra joya. En este caso enfocada a coleccionistas y curiosos de la historia más negra y criminal de la España de principios del S. XX. El ensayo de Servando Rocha me ha resultado interesantísimo, ameno y maravillosamente hilado y documentado. Cada cosa que leo de este autor consigue que aumente mi admiración hacia el mismo.

Respecto al álbum y las ilustraciones de Mario Rivière me ha ocurrido lo mismo, me encanta su trazo y los colores que emplea, su estilo en general. Creo que empiezo a ser capaz de distinguirlo y decir mientras me atuso el bigote: «esto es un Mario Riviére» (ja, ja, ja). Sin embargo, el póster de Fuencarral 109 no me ha entusiasmado demasiado, no concuerda con mis gustos: las imágenes e ilustraciones tan tétricas me dan mal rollo. Está claro que precisamente es lo que buscaba el autor y que a muchísima gente le encantará, pero no va conmigo.

Por tanto, otro gran acierto de La Felguera (no podía ser de otra forma). Quedo a la espera de la publicación del siguiente estuche de esta nueva época del Agente Provocador, al margen de la temática que nos depare estoy convencida de que me haré también con él.

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