Revancha / Kiko Amat

Portada de «Revancha», de Kiko Amat. Ed. Anagrama, 3ª ed. mar. 2021. Colección Narrativas Hispánicas, v.660.
Portada de «Revancha», de Kiko Amat. Ed. Anagrama, 3ª ed. mar. 2021. Colección Narrativas Hispánicas, v.660.

Hoy traigo la reseña de Revancha, última novela de Kiko Amat y, hasta ahora, la más exitosa con diferencia (lleva ya cuatro ediciones y salió hace seis meses). Es la segunda suya que leo y reseño en el blog, la anterior fue Antes del huracán, que me encantó. Pero ha hecho aparición más veces en Denmeunpapelillo como prologuista de otras publicaciones (véanse las entradas de La maldición gitana y Pánico al amanecer).

En la novela que nos ocupa, el ambiente al que nos traslada el autor es al de los grupos ultras, fanáticos del futbol, y otros perfiles criminales y violentos con los que se relacionan o rivalizan por el territorio de la urbe. Tras los integrantes de este entorno siempre existe una familia y un pasado; ese del que algunos creen haber salido (o no), pero que siempre les persigue. Un flipe de novela, plagada de jerga, con una trama bien orquestada, y un entorno y unos personajes dibujados con gran detalle. No defrauda.

Revancha, Venganza, Vendetta

Revancha nos presenta de forma paralela a Amador y César, que forman parte del mundo criminal (cada uno a su manera) y cuyas vidas convergen a raiz de trabajo. Jugando con el punto de vista de la narración, Kiko Amat nos adentra en la vida de ambos.

Amador es el número dos de los Lokos, un peligroso y violento grupo ultra del Barça, cuyo cabecilla es el que llaman el Cid. Se dedican a tantas actividades delictivas como se os ocurran: robo, extorsión, agresiones, violencia contra otras bandas rivales, ataques racistas u homófobos… Vamos, que son unos putos nazis. Los Boy Scout del Nou Camp, como imaginaréis.

César también tiene un oficio por el que no tributa, que consiste en apalizar y ajusticiar a pederastas, maltratadores, etc. Un buen día, el Punisher del Baix Llobregat [triplazo que me tiro] recibe un encargo y, al intentar llevarlo a cabo, su vida se cruza con la de Amador. Aquí empieza el mambo.

«Ocho años dentro. En tu mundo los libros no tienen ninguna utilidad, pero en el meco no había nada mejor que hacer y a aquel libro, mientras duró, le debes parte de tu cordura. Al poco de terminarlo por tercera vez un tano de tu misma galería lo rompió, arrancó las cubiertas para hacer boquillas, y varias hojas para hacerse porros, y tuviste que reventarle, te taparon varios cachorros mientras le destruías los dientes contra la mesa de ping-pong del patio».

Los nodos como platos y la gleba a punto de explotar

Una de las cosas que más llaman la atención cuando comienzas la lectura son los cambios de perspectiva y expresión que tienen lugar cuando muestra la historia desde el punto de vista de un personaje u otro. La voz que narra la historia de César, un tercero, es bastante sosegada y correcta, se expresa de una manera más formal.

En cambio, Amador, a quien un narrador ajeno parece que le va susurrando su propia historia, es la voz y el lenguaje lumpen del libro. Amat ha decidido volvernos locos con el uso que hace de la jerga (nodos, ñatos, nursas, glebas, muzas, lipos… ¿qué me estás rosmando, tronco?). Estos y otros palabros —para nada extendidos— obligan al lector a prestar atención para poder contextualizarlos y, después, recordarlos (más que conveniente).

«A esperar. Te vuelves hacia el mar. Una ligera brisa mediterránea agita las palmeras de la parte inferior del paseo. Aspiras por la naka, fuerte. Brazos en jarras. Morirías si te alejaran por la fuerza de Barcelona, del mar, no sabes cómo sobreviven los del interior; hacia dónde miran cuando pierden el norte y el sur».

Revancha, ¿ y ara c’asemo, noh matamoh?

Esta es una novela en la que las letras se deslizan a borbotones; leer Revancha es como coger una cochinilla y aplastarla entre el índice y el pulgar. Una historia cuyos personajes seguramente recuerde por mucho tiempo (y ojalá parte de la jerga también, que está tó guapa) y que me ha tenido enganchada desde el primer al último momento.

El estilo asalvajao pero elegante con que se expresa Kiko Amat hace que leerle sea una gozada. No son pocas las carcajadas ni las expresiones al viento (¡qué cabrón!) que me ha arrancado la lectura. Violencia, miedo, vergüenza, lealtad; todos estos son algunos de los temas más relevantes en esta historia.

Novela más que recomendable para aquellos a los que les gusten los relatos actuales sobre héroes imperfectos y ambientes delictivos. No apta para espíritus sensibleros; explicit content, ojo-cuidao que Yung Beef está en la casa.

«A él se le estrujó la tripa. El tipo que cantaba en el móvil de Lucía seguía triste y lleno de odio.

«Ca’una que me habéis hecho me acuerdo. Y me quema por dentro»».


Otros fragmentos de Revancha, de Kiko Amat

«Descontrolar es fácil para algunos, para otros no tanto. Para otros es peligroso. Alguna gente no puede dejarse ir así como así».

«Borrell ofrece la mano, el Cid no la encaja. La nursa de fastidio del otro es fugaz, regresa a la sonrisa prudente, hace descender la mano y la inserta en su bolsillo. Está acostumbrado a partir la pana allá donde va; pero no con vosotros. Con vosotros no es nadie, y lo sabe. Su apellido y gueldo y contactos y estatus son moneda obsoleta de un país anexionado».

«Saborearon, como el que va al cine, lo que podría ser su vida si ella fuese una persona distinta, sin sus traumas y angustias y propensión a la bebida, y él no fuese un pe queño delincuente norteño, manirroto y putero y violento y, en fin, hubiesen nacido todos en otros cuerpos, en la clase correcta y el barrio adecuado».

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