No vas a aprender en tu puta vida / Miguel Ángel Medina (Med Vega)

Portada de «No vas a aprender en tu puta vida / Miguel Ángel Medina» (Med Vega). Ed. Libros.com (2018)
Portada de «No vas a aprender en tu puta vida / Miguel Ángel Medina» (Med Vega). Ed. Libros.com (2018)

Hoy vengo con la reseña de «No vas a aprender en tu puta vida», de Miguel Ángel Medina (también conocido como Med Vega). Esta es su primera novela y confío en que no sea la última. Una novela cargada de humor, desparrame, amor (sin pasteladas), rock&roll, literatura, cine y guiños, muchos guiños, a hitos de una generación: la de los que hemos nacido en los ochenta. Si has nacido en esa época y no has vivido encerrado en una burbuja es más que probable que empatices y reconozcas fragmentos de tu vida o entorno. Risas aseguradas y realismo sucio o, al menos, realismo de ir hecho unos zorros.

Miguel Ángel Medina a.k.a. Med Vega

Como suele ocurrir con los autores nóveles de editoriales independientes, hay poca información en las redes sobre él, pero aquí os dejo en resumidas cuentas lo averiguado. Granaíno, nacido en el 82 (casi acierto el año antes de haberlo buscado) y trotamundos durante muchos años, ha vivido en Escocia, Estados Unidos, Bélgica o Francia. Algunas de las experiencias (aventuras y desventuras) vividas en esos países están plasmadas en esta novela.

Ha escrito artículos para Más Tuenos («sucinto magazine rock ilustrado») o para Granada digital (Media de croquetas). Como decía, «No vas a aprender en tu puta vida» es su primera novela, publicada en 2018, y es posible que su título le haya cerrado algunas puertas. Sin embargo, en mi opinión, lo que consigue es cribar al público antes de que llegue a ella, es una llamada de atención: ojo-cuidao, que vienen curvas. Una persona que ha crecido en bares, locales de conciertos y bibliotecas (como he leído en una entrevista) acarrea a sus espaldas muchas historias que contar. Ese tipo de personas me inspira confianza e interés.

Hoy puedo decir que he ido a centenares de conciertos y visto miles de grupos. No exagero. Quizá mi mayor vicio y lo que más disfruto es la música en directo, fácilmente mi mayor pasión.

De los dos primeros lugares en los que ha crecido no te cabe duda en cuanto empiezas la novela, de lo de las bibliotecas tampoco: sabe bien cómo contar una historia, se nota que ha leído mucho.

No vas a aprender en tu puta vida: risas y vivencias (juventud divino tesoro)

No vas a aprender en tu puta vida nos presenta a Med Vega (no le llaméis Miguelón), un chaval normal, melómano (especialmente adicto al Rock&Roll), que tiene sus estudios, sus colegas, sus ligues, sus amores platónicos y sus fiestas. La historia comienza cuando ya queda poco de instituto y mucho de carrera, o carreras, es decir, arranca en ese momento en el que no tiene ni idea de qué hacer con su vida además de pasárselo bien. ¡Que la vida son dos días!

Fueron días, sobre todo, de Pink Floyd, de hachís, de parques y mucha cerveza.

Juventud divina espoja, no sólo por la cantidad de alcohol que pudiera echarse al gaznate, sino porque es una época en la que se absorben todo tipo de conocimientos. Ya no son las enseñanzas de los mayores o del instituto, no señor. Es el gran momento del despertar de la curiosidad por la cultura y por ver mundo entre borracheras, fumeque y conversaciones filosóficas.

Estas ganas de ver mundo llevarán a nuestro protagonista a vivir/sufrir aventuras en otras ciudades y países, bien en forma de visitas fugaces, bien como residente. La historia más loca, para mi gusto, se desarrolla con Med Vega en París (no os la cuento porque si lo vais a leer es destrozaros una de las más flipantes).

El joven Med: experimentos del corazón

No vas a aprender en tu puta vida, de Med Vega, contiene unas memorias humorísticas. Como en casi todas las memorias, tendrán un papel muy importante el sexo y el amor (vayan o no de la mano). En muchos casos apartarán de un escobazo todo lo demás.

Tras ese monólogo, me quedé escuchándola durante horas mientras caían jarras de cerveza. Intercambiamos numeros de teléfono y direcciones de correo electrónico y me enrolé en una nueva cruzada para llamar la atención de una muchacha. Lo que tardé en mandarle un correo prometiéndole que le iba a grabar una de mis películas favoritas de la vida bastó para que Aroa se convirtiese en un cielo que conseguía derretirme.

Eros le hará decir y hacer gilipolleces por un tubo a nuestro prota. Cuando se abordan estos temas aparecen los puntos álgidos de la novela en los que -como lectora- dices: joder, Med, no vas a aprender en tu puta vida (¡¡déjalo estar, por dios!!).

Banda Sonora Original de No vas a aprender en tu puta vida

Además de las vivencias y situaciones hilarantes que te vas a encontrar a lo largo del libro, uno de los mayores atractivos es la cantidad de referencias musicales y culturales que contiene.

El día que murió Elliott Smith me levanté pronto. Planté un limonero en mi patio consciente de que quizá nunca tendría hijos, y que dificilmente llegaría a escribir un libro.

En cuanto a la música, considero que tengo bastantes carencias en cuanto a cultura rockanrollera (como habréis supuesto por otras entradas, mi rollo va por otros derroteros) y más aún comparándome con nuestro prota. Desde luego, este libro hará las delicias de cualquier amante del Rock (con mayúscula) y de la buena música en general. Al respecto, hay que agradecer al autor que se haya currado en Spotify una lista abierta con las canciones que aparecen en el libro. Obviamente es la banda sonora que tengo puesta ahora mismo (no es la primera reseña que escribo con ella sonando, ni será la última).

Mitos de la generación de Med Vega

Pero no solo de música (alcohol, amistad, amor, sexo y droga) se alimentan las almas jóvenes. Aquí también vais a encontrar menciones a libros, películas, series (yo también me descargué todo lo de HBO mucho antes de que oyéramos la palabra streaming por primera vez), videojuegos (♥Sonic♥) o programas (dios salve al Soulseek). Para muchos de los que ahora nos encontramos en la treintena, la llegada de Internet -en nuestra adolescencia o juventud temprana- marcó un antes y un después en nuestras vidas.

El ser humano es irresponsable y, si de nosotros dependiese vamos directos a la extinción. Zach Galligan, bueno, el chaval al que interpreta, sólo tenía que seguir tres sencillas reglas para cuidar de Gizmo. Que no le diese el sol, que no se mojase y no darle de comer pasada la medianoche. Al pedazo de inútil le falta tiempo para quebrar las tres reglas, causando un estropicio en el barrio brutal. Sólo tres reglas para cuidar de un peluche y no es capaz. ¿Cómo vamos a cuidar del planeta? ¿Cómo vamos a cuidar de un crío?

Por párrafos como el anterior y ese tipo de detalles, Med Vega va, poco a poco, dejando huella en la patata.

Conclusiones de No vas a aprender en tu puta vida

La única pega que le pondría a la lectura es la que ya he dicho: a veces te desesperas con las decisiones del protagonista. En esas ocasiones solo podía llevarme las manos a la cabeza y decir: no, otra vez no, tronco,

Por lo demás, he disfrutado como una enana y me he reído un montón. Cuando terminé el libro, la primera similitud que me vino a la cabeza (que sí, que las comparaciones son odiosas) fue con Pedro Juan Gutiérrez, pero sin tintes machistas, más actual, cercano y afectuoso. Al leer a Pedro Juan no me es fácil imaginarme en el malecón de La Habana bebiendo ron o tirando mis mierdas envueltas en papel a la azotea de enfrente. Al leer a Med Vega sí puedo imaginarme en Ámsterdam, en El Tren (sala de conciertos de Graná), las cervezas, los parques, la peña, los conciertos, el desfase: casi todo lo que nos rodeaba de hace años (y algunas cosas perviven) está ahí plasmado.

Si no te ves a ti, ves a un colega, o a un ex, o a otros personajes que conociste en bares o por la calle: si naciste en los ochenta te va a molar casi seguro y te vas a partir el culo. Si, por el contrario, esa no es tu generación -siempre que el título no te tire patrás (recordad lo del cribado)- servirá para que te eches unas buenas risas con las aventuras de un chaval que está más perdido que el barco del arroz. Sin olvidar, una vez más, la magnífica banda sonora que acompaña a la historia.

Edades al margen, es un libro contado con un humor magnífico que consigue hacerte empatizar enseguida con el protagonista, tan imperfecto como bondadoso. Med Vega comete casi más errores que aciertos, pero al fin y al cabo: que le quiten lo bailao. Porque de cada error al final deberíamos aprender algo, o eso dicen, ¿no?. Deberíamos, deberíamos… PERO.


Fragmentos de No vas a aprender en tu puta vida

Me tiré toda la mañana investigando el Fotolog de Silvia. No sabía qué escribirle y cuanto más miraba aquellas fotografías y frases suyas más perdido me sentía. Todos sus comentarios transmitían una actitud vital tan luminosa como cansina. Pensé que nadie en su sano juicio podía ser tan feliz sin estar fingiendo. No comprendía que alguien fuese capaz de subir una foto cada día acompañada de arengas como: «Sé tú mismo y conseguirás cualquier cosa que te propongas, cuando la consigas»; «mi sonrisa es la clave de tu éxito»; «las oportunidades no existen, no las dejes escapar». ¿En serio? ¡Pero si nada de eso parecía tener el más mínimo puto sentido! Yo no lo sabía, porque de hecho estaba descubriendo las redes sociales en ese mismo instante, pero supongo que mi primer impulso en el mundillo de entidades digitales fue convertirme en un hater.

Como la tenía de espaldas, a causa del masaje que le estaba dando, la giré contra mí y metí cuello con la intención de besar su boca. La cobra que me hizo fue digna de Nadia Comaneci: mereredora de un diez en cualquier concurso de gimnasia artística. Dobló su cuerpo, el mismo que creíamos tensionado, hacia atrás con una naturalidad tan bárbara como hipnótica.

Hostias, que me he liado, perdona.

Me puse a gritarle al mar, como si fuera un desesperado yonqui paranoico pasadísimo de alucinógenos, la cuestión que más me preocupaba: «¡¿Estoy vivo?!». Lo repetí una y otra vez hasta casi quedarme sin voz. La única respuesta que recibí fue un «¡lo que estás es gilipollas!» de un simpático espontáneo que paseaba junto a su señora. Dylan me llamó por teléfono y contesté muy sorprendido, inexplicablemente tenía cobertura en el purgatorio.

-¿Diga? -contestó mi amigo. 

-¿He llamado yo o has llamado tú?

-¿Que si quiero o que si tengo?

-¿Cómo?

Dylan… Is this real life???

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