Sobre el fuego / Larry Brown

Portada de «Sobre el fuego», de Larry Brown. Ed. Dirty Works, 1ª ed. nov. 2019. Colección Dirty Works, v. 21. Trad. Javier Lucini
Portada de Sobre el fuego, de Larry Brown. Ed. Dirty Works, 1ª ed. nov. 2019. Colección Dirty Works, v. 21. Trad. Javier Lucini

Tras un buen parón veraniego (durante el cual he leído, pero no he comentao ná) regreso con Sobre el fuego, de Larry Brown, uno de los libros que han caído en este tiempo de asueto. Se trata de mi tercer Larry Brown: el primero fue Trabajo sucio (que reseñé en su día) y el segundo fue Joe, que también me moló bastante. A diferencia de los dos anteriores, Sobre el fuego es una historia autobiográfica en la que el autor relata su experiencia como bombero en Oxford (Mississippi) y sus aspiraciones como escritor.

Cuando lo pillé pensé que el libro sería una recopilación de historias y reflexiones extraídas durante los diecisiete años que dedicó al oficio, pero en realidad toca muchos otros palos. Con sus aventuras apagando incendios, rescatando a peña y demás, hubiera tenido suficiente; sin embargo, conocer otras facetas de Larry ha sido una grata sorpresa. Es el retrato de un ser humano cuya mayor aspiración (además de ser buena persona) es llegar a convertirse en escritor y poder vivir de ello. Y como sabemos todos, en ese aspecto, esta historia tiene un final feliz.

Sobre el fuego, siniestros, rescates…

No es necesario aclarar que la faceta que más peso tiene en esta historia es la bombero. Los bomberos nos gustan a todas las personas, eso es así, nos caen bien, agradecemos su labor y generan admiración. No hay medias tintas ni diversidad de opiniones, como sí puede ocurrir con otros «servidores públicos».

Larry sirvió en Mississippi (eme, i, Letra torcida, letra torcida…) en el Cuerpo de Bomberos entre 1983 (tenía veintidós años) y 1990, hasta que decidió dejarlo para dedicarse exclusivamente a escribir.

En Sobre el fuego cuenta cómo es el oficio en sí, desde los detalles técnicos hasta los más personales (a nivel individual y de grupo). Ambas cosas resultan igual de importantes, debe existir un equilibrio físico y mental para poder actuar con precisión y efectividad. Por eso, igual que explica de forma minuciosa cómo tienen que descuajaringar un coche para poder salvar a un conductor atrapado entre hierros, también desvela cómo son las relaciones entre compañeros o cuáles son las costumbres en un parque de bomberos.

Brown transmite un amor y respeto profundos por su antiguo oficio. Es una gozada leerlo.

«Aprendes a amar un trabajo que no es como meter comestibles en bolsas, ni como trabajar en una fábrica, o pintar casas, porque todo el mundo está pendiente de ti cuando apareces por la calle».

Larry Brown y su entorno

Por lo general, las personas tenemos vida más allá de nuestra profesión u oficio, y Larry no iba a ser menos. Además de apagar fuegos o salvar vidas (humanas o felinas), el autor muestra cómo era su vida más allá del parque de bomberos. En estos pasajes es donde más vínculos encuentras con otros títulos Dirtys, expone muchos detalles costumbristas de Estados Unidos, habla de su familia y retrata el entorno natural que los rodea.

Hay barbacoas en compañía de sus colegas, visitas a la «parroquia» después del curro para tomarse algo, kilómetros de carretera y mucha naturaleza. Hay animales domésticos (habla mucho de su perro Sam, que como «no sabe cómo se hacen los cachorros», se dedica a morderle las pelotas a otro de sus perros), invasores (coyotes, arañas, ratones) y salvajes, sobre todo cuando se va de caza.

«He estado sentado ahí fuera, en el bosque, intentando disparar a un ciervo. Llevo cerca de diez años sin dispararle a uno. Soy un cazador lamentable. No hay más que verme, caza al aguardo, en la que se supone que te tienes que quedar tan inmóvil como el árbol contra el que te sientas, sin mover un solo músculo, como una estatua esculpida en mármol, y ahí me tenéis, abriendo el termo y sirviéndome un poco más de café, fumándome un pitillo, echándome las cenizas por encima. Seguro que los ciervos se tranquilizan en cuanto me huelen y descubren que soy yo».

De todas estas historias sobre el mundo animal, mi preferida (al margen de las relacionadas con Sam, claro) es en la que cuenta cómo comenzó a criar conejos y se le fue de las manos. Pero para saber más sobre esta parte de la vida de Larry Brown, tendremos que esperar a que Dirty nos traduzca y publique The rabbit factory, novela en la que el autor se explaya sobre este capítulo de su vida.

Del fuego a la escritura

Como comentaba al principio, aunque en teoría el libro trata sobre sus años como bombero, existe otro tema que compite como principal: la escritura y el oficio de escritor. Incluso antes de ser bombero, Larry comenzó a escribir como un poseso y enviar manuscritos. En el momento en que dejó el Cuerpo, ya había publicado dos libros de relatos y su primera novela (Dirty Work).

«Esto es lo que he elegido hacer, apartado de mi familia, a puerta cerrada, con la única compañía de personajes que se forman en mi cabeza y se trasladan al papel, símbolos negros sobre una página en blanco, solo eso. A cualquier otro puede parecerle que no tiene sentido, pero yo sé que hay un propósito en mi trabajo: años ante la máquina de escribir, escribiendo hasta hacerlo mejor, hasta que pueda publicar un libro, hasta que pueda ver ese libro en una biblioteca o en una librería. Amo esto, aunque no sea recíproco».

Así que, en Sobre el fuego, habla de su obsesión sobre convertirse en escritor y el empeño que le puso. Narra cómo fue su primera aparición pública como invitado de un programa de televisión tras la publicación de su primera novela. También reflexiona sobre el proceso de escritura (de hecho, habla de Joe, a la que inicialmente pensó titular «Nómadas») y de cómo tuvo que elegir entre seguir con el uniforme o dejarlo y jugársela para conseguir tener tiempo y ser un verdadero escritor.

«Cualquier libro en proceso es un poco como un amigo que viene y se queda a vivir contigo durante una temporada, se instala en tu casa y en tu mente. Está ahí cuando comes y cuando duermes, cuando te despiertas y cuando sales a cortar el césped, cuando atiendes a los niños y cuando sacas la basura. En el momento en que se está formando en tu cabeza y sobre la página en blanco, y me refiero a la acumulación efectiva del trabajo en sí misma, día tras día y hora tras hora, el libro posee una vida propia y convive contigo durante todo ese período de tiempo».

Sobre el fuego: una ventanita a la vida de Larry

Con todo lo explicado anteriormente, entenderéis que se trata de una novela autobiográfica muy completa y conmovedora. Pero no «conmovedor» en plan ñoño. A pesar de transmitir amor en cada página (por la naturaleza, su oficio como bombero, la escritura o su familia) mantiene un tono neutro con toques divertidos.

Es un libro para recomendar. Si tenéis amigos bomberos, regaládselo. Si los tenéis escritores (o aspirantes a), también. Y si os molan los testimonios sinceros y costumbristas, pilláoslo. En fin, para mi gusto: no tiene desperdicio.

¡Viva Larry!


Un par de fragmentos Sobre el fuego, de Larry Brown

«Supongo que podría volver atrás y rememorar algunos viejos incendios, las cosas emocionantes que sucedieron. Porque sucedieron, como también sucedieron un montón de cosas aburridas. Un bombero ha de enfrentarse tanto al tedio como al peligro.
Ocurren toda clase de cosas, cosas que ni os imaginaríais, cosas como señoras del club de la ciudad que, de repente, deciden que en los parques de bomberos hay que plantar flores y arbustos y, acto seguido, llaman a Tito Jefe o al alcalde, y el resultado es que los bomberos tienen que salir y ponerse a plantar flores y arbustos por todas partes cuando podrían estar apoltronados en los sillones de la sala común viendo algo de S y V* en HBO o en Cinemax».

S y V = Sexo y Violencia

«Los bomberos entrenan a todas horas. No están siempre sentados en la sala común viendo S y V en HBO. Están ahí fuera con el calor, probando las mangueras, extendiéndolas a lo largo de la calle con los surtidores cerrados y sometiéndolas a una presión de veinte bares durante cinco minutos para asegurarse de que no revienten, ensayando situaciones de avance y retroceso, haciendo nudos, estudiando todos los aspectos relativos a la extinción de incendios que vienen en los manuales. Hacen simulacros, entrenan y planifican estrategias de actuación para distintos tipos de edificios, incendian inmuebles declarados en ruinas para estar preparados cuando llegue la hora de la verdad, porque tarde o temprano llegará. Hacen rappel desde estructuras elevadas, prenden fuegos en pozos llenos de combustible inflamable, petróleo, cetona, combustible de avión, para acto seguido extinguirlos. Hacen pesas y limpian su equipación, comprueban la presión de sus equipos de respiración autónoma, limpian las máscaras, se aseguran de que los reguladores funcionen. Tienen que estar lo mejor preparados que puedan, pero a veces ni eso basta. Llegará un momento en que tengan que enfrentarse a algo para lo que ni todo el entrenamiento del mundo te puede preparar, porque hay situaciones que no vienen en los libros, cosas sobre las que no hay nada escrito y a las que no se les puede enseñar a enfrentarse, cosas de las que hay que ocuparse sin miramientos en cuanto se topan con ellas, en plena noche, cuando la mayor parte de la ciudad duerme, o a la hora que sea».

4 comentarios en «Sobre el fuego / Larry Brown»

  1. Jajajaja, me he reido mucho cuando esta esperando para cazar, con el termo el piti, etc jajajaja
    Se ve entretenido.
    Mil gracias por tu ayuda para poder elegir lectura.

    1. jajaja, sí, es un notas. Y mola porque aunque cace, como es un poco torpe… pues se le perdona. ¡Gracias a ti por leerme!

  2. Genial gracias, se lo pediré prestado a mi hija, seguro lo tiene.
    Sigue así
    Gracias

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