Balada de gamberros / Francisco Umbral

Portada de Balada de gamberros, de Francisco Umbral. Edición conmemorativa del homenaje de Valladolid a Francisco Umbral (El mundo), 2008 [DL].
Portada de Balada de gamberros, de Francisco Umbral. Edición conmemorativa del homenaje de Valladolid a Francisco Umbral (El mundo), 2008 [DL].

Balada de gamberros supone mi estreno con Francisco Umbral. Estoy segura de que habrá quien piense: «maja, ya era hora», y lo cierto es que no le falta razón. Me apunté el título mientras leía Todo el odio que tenía en mí, donde lo menciona Servando Rocha. También ha sido recomendada por la gente de Dirty Works así que, con ese respaldo, no podía fallar.

Esta novela corta (se lee en un pliqui) es la primera publicada de Umbral, en 1965. No se han hecho demasiadas ediciones de este casi-cuento, la última es de 2009, a cargo de la editorial Menoscuarto. La novela, localizada en Valladolid, habla del paso de la infancia a la temprana juventud de un grupillo de chavales a mediados del siglo XX. Hormonas revueltas y ansias de aventura y transgresión. Además, tiene mucho de picaresca y de retrato social. Como me flipan ambos temas, ya adelanto que lo he pasado pipa con esta historia.

Francisco Umbral

Hasta que he leído Balada de gamberros, pertenecía a ese gran (por desgracia) grupo de gente que conocía a Umbral por el «he venido a hablar de mi libro» y poco más: que era de Madrid, que tenía mala hostia y que es un escritor de culto para mucha gente. Hasta ahí mi conocimiento sobre Francisco Umbral. Menos mal que ya he empezado a ponerle remedio.

Por ser de Madrid (nacido en 1932) pensaba que la Balada de gamberros estaría localizada aquí, pero no, se sitúa en Valladolid, donde vivió durante toda su infancia. Su madre residía ahí, aunque vino a Madrid a dar a luz, en busca del anonimato que una madre soltera podría desear en aquella época. Su infancia no fue fácil y en la madurez perdió a un hijo con tres años, así que esa actitud que en ocasiones se le critica posiblemente venga arrastrada de las hostias que recibió en vida.

Su obra es extensísima: novelas, relatos, ensayos, artículos, memorias, diarios, poesía y hasta diccionarios (mención especial al Diccionario cheli, 1983). Hay mucho donde elegir, pero tiene toda la pinta de que continuaré con sus primeras novelas. No me digáis que lea Mortal y rosa, que no quiero ponerme triste.

Balada de gamberros: «la calle, siempre la calle»

Sobre Balada de gamberros, escribió el propio Umbral en un artículo de El País en 1980 (motivado por el estreno de Navajeros, de Eloy de la Iglesia, actual película de culto del cine quinqui):

«Balada de gamberros, editada en los sesenta y que se refiere a la delincuencia juvenil de los cincuenta —pleno franquismo— cuando uno era una especie de Jaro de provincias vestido de ropa dada la vuelta por la Sínger de mi tía. O sea, que no nos liemos solos. Delincuencia juvenil ha habido siempre, o casi».

Así que esto es lo que os vais a encontrar en esta novelita: chavales que se pasan todo el día en la calle, haciendo algo más que travesuras. Estos, también son testigos y protagonistas del cambio social inminente (y cada vez más pronunciado conforme transcurran las décadas venideras).

«Alguien le advirtió a tiempo al dueño del café —un tipo aguileño y asténico, como un judío decolorado—que era el momento de cambiar las soleares por el rock. El anuncio del festival de jazz llevó al café a mucha gente joven. Algunas caras conocidas y una legión de caras desconocidas. Cazadoras y pantalones vaqueros. Coca y Pepsi. Discos de Lionel Hampton y Duke Ellington en el altavoz, para ir ambientando.
No parecía el mismo sitio.
Estudiantes. Muchos estudiantes. Y gente joven de la calle. De las calles. Mucha gente joven».

Juventud, gamberros y sociedad

El narrador de esta novela no se presenta en ningún momento, pero no se trata de un mero observador; interviene en y reflexiona sobre las situaciones que se plantean. Aun así, se sobreentiende que es el propio Francisco Umbral. En una entrevista en el ABC de 1976, comentaba sobre sus novelas de infancia y adolescencia (Balada de gamberros, Memorias de un niño de derechas, Los males sagrados y Las ninfas):

«Novelar la infancia no es un recuerdo, sino que es el novelar mismo, dejar que la novela se vaya haciendo en uno, mientras que las otras novelas, las que vienen después tienen que ser más trabajadas, más forzadas».

Aquí se habla más de adolescencia que de infancia, tendrán entre 15 y 16 años, y no olvidemos que por aquella época a esas edades no era extraño haber dejado el colegio y llevar tiempo trabajando. Sin embargo, a estos chavales eso de pasar horas dejándose la espalda en algún oficio no les atraía en absoluto.

«La pastelería. «Presentarse de cuatro a cinco». Y pensar que había estado a punto de ser pastelero; esclavo de un pastelero… Qué imbécil. A Tere se la llevaron en una bici. A Amalia acababan de llevársela en una Vespa. La calle. Siempre en la calle».

En cuanto a la delincuencia y el (miedo al) cambio social, basta con mencionar algunas de las sentencias a las que los periódicos de entonces, según nos cuenta el narrador en esta historia, recurrían. Ejemplo de ello son: «la educación equivocada», «la crisis de la sociedad y de la moral», «la desunión de las familias» o «la rebeldía inconsciente de la juventud». Aunque, bien pensado, no me resultaría extraño escuchar estas mismas palabras en boca de personajes como Ángel Expósito, Marhuenda o Jiménez Losantos, ¿no?

El jugo de Balada de gamberros: gran estreno con Umbral

Balada de gamberros expone dos momentos bisagra: la llegada a la adolescencia (con el nacimiento del erotismo febril y el empezar a buscarse la vida) y el giro que se avecina a nivel de sociedad. Por eso, a pesar de su brevedad, es una historia a la que se le puede extraer mucho jugo. A mí me ha gustado mucho, sin olvidar que estos son apenas los comienzos de Umbral, evolucionará con el tiempo.

En el blog Umbralistas (que —obviamente— me dan tres mil vueltas, como poco, en cuanto a conocimiento sobre Umbral se refiere) comentan sobre ella:

«Puede llevar a equívocos con su trayectoria y magnitud posterior. Sí que hay destellos de su adjetivación virtuosa, de descripciones ambientales singulares, pero la ambición estética propia de Umbral aquí deja paso a un relato de acción, de frase corta y poca glosa. Apenas barroco, oblicuamente lírico y sin meandros».

Con todo, este relato «de acción, de frase corta y poca glosa» me ha flipado: magnífico estreno. Continuaré indagando en la obra de Francisco Umbral, yendo de menos a más, porque se acaba de abrir un nuevo universo lector para mí. Muy recomendado.


Algunos fragmentos de Balada de gamberros, de Francisco Umbral

«La calle envenena. Cuando uno ha vivido mucho en la calle, lo ha visto todo. Y no tiene paciencia para meterse en una habitación a estudiar un libro, a aprender un oficio. En la calle, parece que está todo al alcance de la mano. Pero si alargas la mano, en seguida sale un guardia. Estás en casa, miras la calle desde el cristal de la ventana y dices: «Me voy. Hay muchas cosas ahí fuera. Ya saldrá algo. Hay que vivir». Pero luego, en la calle se te pasa el tiempo mirando escaparates, o siguiendo a una mujer. Cuando te quieres dar cuenta, todos se han ido a sus casas y estás solo en calle, lleno de frío y con las manos en los bolsillos».

«Era una taberna sin sueño, abierta toda la noche. Se entraba por un largo pasillo y al final estaba el mostrador de zinc. El orujo. Toda una noche en la calle. ¿Y qué? Al final, nada: el orujo. Otros tienen las llaves de las cosas. «Hay que hacer algo, Dupont», pensé, sin decírselo. Hacer algo. Pegar duro. En la vida sobre todo. Parecen sobrar, a la salida de un teatro, por ejemplo, joyas, perfumes, dinero; mujeres, incluso. Tiene que haber para todos; para nosotros. «Y pronto, Dupont; muy pronto». Y me estaba llamando Dupont a mí mismo».

«El más leído comentarista local escribía extensamente sobre todo ello. Los editoriales de todos los periódicos se ocupaban de nosotros. «Alarmante brote de delincuencia juvenil en nuestra vieja ciudad». «En el extranjero les llaman teddy-boys, blouson noir, fans, etc. Aquí, en España, se les ha llamado gamberros, pero creemos que no se trata sino de los delincuentes y malnacidos que ha habido en todas las épocas». «Una juventud que traiciona la educación recibida». «Europa y América conocen por fans a los seguidores idólatras de las más populares figuras del cine y la canción; pero en España y en nuestra vieja ciudad no queremos fans. Nuestra juventud tiene otras figuras históricas y ejemplares a quienes seguir…»».

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