Trabajo sucio / Larry Brown

Portada de «TRabajo sucio», de Larry Brown. Ed. Dirty Works, 1ª ed. jun 2015. Trad. Jacier Lucini. Colección Dirty Works, v.1.
Portada de «Trabajo sucio», de Larry Brown. Ed. Dirty Works, 1ª ed. jun. 2015. Trad. Jacier Lucini. Colección Dirty Works, v.1.

Después de leer tantas referencias de Dirty Works que me han flipado, era hora de conocer al primogénito: Trabajo sucio, de Larry Brown. Además, también es mi primer Brown así que estoy de doble estreno o, mejor dicho, doble celebración. Qué gustazo ha sido conocer al gran retratista sureño (King of White Trash) por medio de esta historia de dos excombatientes reventados: uno carece de brazos y piernas y lleva ahí veinte años, el otro tiene la cara destruída y una bala alojada en el cráneo. Braiden y Walter se ven obligados a conocerse y compartir habitación en el hospital de veteranos.

La narración desde cada uno de los protagonistas, con mucho monólogo interior, utiliza un lenguaje sencillo y plantea situaciones objetivas. No busques moralinas porque por aquí no las hay, quien lee es quien debe extraer sus conclusiones: este autor tiende a plantear un dilema tras otro. El abanico de temas que se tratan es extenso y se aborda de forma aséptica y cruda, pero misericordiosa en cierto modo, desde dos puntos de vista que parten de situaciones muy jodidas. Ofrece imágenes a través de cristales hechos añicos. Libro que golpea: libro que merece la pena.

¿Y quién es (o era) Larry Brown?

Os podría haber dado algunos datos sobre el autor sin tener que consultar Google. Esta edición de Trabajo Sucio, incluye una charla que dio Larry Brown en una conferencia sobre literatura sureña en 1989. Se titula Cómo me convertí en escritor. Un comienzo tardío, mola mucho y es muy interesante. Vamos, el tipo de detallito que te convierte / mantiene como seguidora de una editorial.

Larry nació en 1951 en Mississipi, hijo de una superlectora (se dice que su madre se había leído toda la biblioteca pública del condado de Lafayette) y un militar que le daba bien a la priva. Sin haber llegado a la veintena, estuvo un par de años en la infantería de marina, donde escuchó muchas historias de guerra contadas por veteranos. No sé cuánto de recurrente será el tema de la guerra y los excombatientes en su obra, ya que esta es mi primera experiencia, pero con Trabajo sucio ha tirado del hilo.

Después de lo de la marina, ejerció algunos oficios hasta que se hizo bombero de Oxford (Mississipi). A eso se dedicaba cuando comenzó a escribir; estuvo apagando fuegos desde 1973 hasta 1990, que fue cuando dijo basta. Esta época la contó de forma autobiográfica en Sobre el fuego (1993), otro Dirty pendiente.

A Larry le pasaba como a Cussà, pero en vez de con lo de yonqui, con lo de bombero. Quería que se le conociese no como un bombero que escribía, sino como un escritor (que una vez fue bombero) y dejar de sentirse un mono de feria. Falleció con 53 años, en 2004, pero superó su meta con creces.

Trabajo sucio: Braiden y Walter

Braiden es negro y no tiene ni brazos ni piernas desde hace veinte años, cuando lo reventaron en Vietnam. Desde entonces vive en un hospital para veteranos de guerra, donde hasta para leer necesita quien le sostenga el libro y le pase las páginas. Por eso es mucho mejor cerrar los ojos e imaginar, escapar de algún modo. Su monotonía se interrumpe cuando traen a Walter a la misma habitación.

Walter piensa que, bueno, no está tan jodido como el de la otra cama: al menos es blanco y está entero. Lo que ocurre es que tiene la cara completamente desfigurada y un trozo de metal en el cerebro que lo inhabilita de vez en cuando. No sabe cuánto tiempo va a estar ahí, pero durante el tiempo que pase dentro, ¿por qué no aceptarle una birra a su compañero de habitación? ¡Cómo se lo monta!

«Quería que me hablase de aquella mujer. De la chica esa. No podía imaginarme por qué querría liarse con él. Quiero decir, sé que suena mal, pero su cara era un horror. Y ya sé que yo no es que sea exactamente una celebridad social. Pero por lo menos tengo una cara. Puede que sea lo único que tenga. Él ni siquiera tenía eso, apenas».

Con este planteamiento y a través de los dos protagonistas, Larry Brown narra las conversaciones, recuerdos, invenciones y relación que ambos matienen durante el tiempo que coinciden ingresados. La variedad de realidades junto a las propias condiciones de los personajes permiten al autor señalar múltiples facetas de la naturaleza humana, desde las más miserables hasta las más puras.

«Pero escúchame una cosa. Siempre van a matar a gente inocente. En las guerras van a matar a niños. No hay peor crimen que ese. Pero tú eso ya lo has visto, ¿verdad? Y ya sabes cómo es. Bombas trampa en cualquier cosa que caiga en sus manos. Un paquete de cigarrillos. Una lata de cerveza. Cualquier residuo. Y han sido muy bien enseñados. Los políticos salen por la tele y hablan de lo mala que es la guerra. Pero la gente no necesita que nadie se lo diga. Que la gente dispare a otra gente es malo y no hace falta que nadie salga a decirlo porque uno nace sabiendo ya eso».

El primer Larry Brown de muchos

No lo digo por decir, es que de verdad tengo Joe en la pila de pendientes, pero prefería leer antes Trabajo sucio. Ahora mismo me siento respecto a Brown como cuando lees tu primer Bunker o tu primer Crews: acabas de atravesar otra puerta nueva desde la que observar esa verdad. Enhorabuena, tronca.

Quizá haya dado la impresión de que se trate de una novela en la que solo se dediquen a hablar y/o desarrollar historias que les ocurrieron o que se les ocurren, pero no. También pasan cosas, algunas chungas, claro, a pesar de que la historia transcurra en menos de dos días y en una especie de celda a efectos prácticos.

Creo que la etiqueta «Realismo sucio» le viene de fábula, de la mano de la de «Literatura sureña», que le viene de fábrica. Así que si alguno de estos términos va contigo, Trabajo sucio te molará casi seguro.

Siguiente estación: Joe


Un par de fragmentos de Trabajo Sucio

«La gente piensa que el hombre es cruel. Oye, ¿y qué me decís de las crías de los hombres? No hay nada más perverso que uno de esos pequeños hijos de puta sádicos y trastornados de seis años suelto en un parque infantil. ¿Creéis que una persona tiene que madurar antes de convertirse en un sádico? Y una mierda».

«Como escritor me preocupa ser acusado de brutalidad, de crueldad, de dureza de corazón, de falta de compasión. Solo unos cuantos críticos han presentado estas quejas. Pero bastantes más parecen registrar un cierto sentimiento de inquietud, y me pregunto si se debe a que les hago asomarse demasiado a la vida de mis personajes. Lo mismo les hago saber más de lo que desearían saber sobre los pobres, los desafortunados o los alcohólicos. Pero un escritor sensible escribe sobre lo que él, o ella, conoce mejor, y tira del material que tiene más a mano, de las vidas que observa. Yo intento escribir lo más cerca que puedo del meollo de la cuestión. Escribo a partir de la experiencia y la imaginación, con fe ciega y esperanza».

Fragmento de la charla en la Quinta Conferencia Bienal sobre Literatura sureña en Tennessee (Chattanooga), 8 de abril de 1989. Inlcuida en esta edición de Trabajo sucio.

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