Satán es real / Charlie Louvin y Benjamin Whitmer

Portada de Satán es real. La balada de los Louvin Brothers, de Charlie Louvin con Benjamin Whitmer. Es Pop Ediciones, 1ª ed. nov. 2020. Colección Es Pop Ensayo, v.24. Traducción: Javier Lucini
Portada de Satán es real. La balada de los Louvin Brothers, de Charlie Louvin con Benjamin Whitmer. Es Pop Ediciones, 1ª ed. nov. 2020. Colección Es Pop Ensayo, v.24. Traducción: Javier Lucini

Os traigo una autobiografía con la que me lo he pasado que te cagas: Satán es real. La balada de los Louvin Brothers, escrita por uno de esos bros (Charlie Louvin) junto a Benjamin Whitmer. Este libro narra la historia de un grupo de música que no conocía (The Louvin Brothers), que toca(ba)n un género que nunca escucho (country) y que, además tiene un título que me da miedito. A primera vista puede pintar mal, pero me ha encantado el rato que he pasado acompañando a los espirituales (ambos) y descontrolados (uno) Charlie e Ira.

«Cuando llegue el Día del Juicio, te encontrarás por una parte con esa gente a la que lograste engañar y, por otra, con Aquel al que es imposible engañar. Y Su veredicto es el único que importa».

The Louvin Brothers: Charlie e Ira Loudermilk

Ira Louvin con su preciada mandolina y Charlie Louvin con su acústica, bien peripuestos, alrededor de 1958 o así. (Foto por Michael Ochs Archives/Getty Images)

Los de la foto son Charlie e Ira, seguro que acertáis cuál es cuál viendo la foto. Y a cuál de ellos se le fue la mano (y la pinza en ocasiones) con la priva. También a quién se le ocurrió hacer una hoguera y una especie de ninot con forma de Satán para hacer la foto de la portada del disco (también del libro que nos ocupa).

Lo que igual no sabéis es cuál de los dos iba para predicador. Ahí seguro que fallaríais.

Ellos fueron los Louvin Brothers. Es posible que —como yo—no tengas ni pajolera idea de quiénes son, pero también puede que hayas escuchado más de una canción suya en guitarras y bocas de otros, por ejemplo en la de Ray Charles.

Como el propio nombre del grupo apunta, son hermanos y, como cuando hay confianza da asco, tuvieron sus rencillas, cosa habitual en casi todos los grupos musicales, más todavía si son familia. Eso de mezclar asuntos personales con profesionales: malo; y si tu hermano es un bala perdida —pero buena gente—, ¿qué haces? Intentar arreglarlo mientras peleáis por meter la cabeza en el mundo de la música, tocando a las puertas de discográficas, locales o radios (sin perder la fe, eso sí).

Tradición, música y fe contra Satán (que es real)

La novela comienza con la presentación de su familia y cómo transcurrió su vida en Alabama junto a sus padres. Durante los primeros capítulos me he acordado mucho de Zipi y Zape y, sobre todo, de Don Pantuflo.

«A eso me refiero cuando digo que con papá uno nunca se libraba del todo. Siempre acababas pagando algún precio. Lidiar con él era lidiar con lo inevitable. Pretender escapar de su ira era como pretender escapar del clima invernal o de un fuerte viento. Podías intentar esconderte o buscar refugio, pero tarde o temprano tendrías que salir y dar la cara. Pelearte con él tampoco era buena idea. Teniendo en cuenta el modo en que nos sacudía ante la menor provocación, creo que de habernos atrevido a levantarle la mano nos habría matado. Jamás se nos pasó por la cabeza».

Para los hermanos Louvin la motivación principal era la música, harían cualquier cosa para poder ir al concierto de su grupo preferido. Se criaron rodeados de mucho gospel y country. Recordemos que nacieron en la década de los años veinte en Alabama en un entorno muy religioso, donde «a Dios rogando y con el mazo dando» (no figurada, sino casi literalmente) era el lema preferido. Esa mezcolanza de música y espiritualidad (dual, en el caso de Ira) les acompañará a lo largo de su vida.

Al ver el título del libro, habrá quien pueda pensar que se hable de temas satánicos o rituales chungos, pero en absoluto. Más bien es al contrario, Charlie (el narrador) intenta transmitir —como en casi todas las autobiografías que he leído hasta ahora— un mensaje rollo Jesucristo: sed buenos, respetad y quered al prójimo, alejaos de los vicios… esas cosas. También habla de la justicia, de guerra, de amor y de no-odio. Es decir, que Satán es real transmite un mensaje positivo.

Los Louvin Brothers y Satán en medio

Como comentaba al principio, a pesar de que a priori todos los elementos apuntaban en mi contra (unos personajes y un género musical que no me interesan en absoluto) la verdad es que Satán es real ha sido un gran descubrimiento. Tampoco os voy a mentir diciéndoos que ahora soy una fan de la música country y de los Louvin Brothers, pero me lo he pasado en grande leyendo la biografía/novela. Una historia familiar, con sus buenos y malos momentos, y un ejemplo de perseverancia y fe.

«La verdadera historia de los Caín y Abel de la música country», citando la portada del libro: una definición muy apropiada para lo que se narra. Por un lado, Charlie (el responsable, el angelico) y, por otro lado, Ira (el tarambana, el irascible —como su propio nombre indica— y endemoniado).

«Ira no se lo creía. En su cabeza, si no insultabas, discutías y llegabas a las manos, no había amor. Yo lo veía justo al revés. No estoy diciendo que no haya discusiones en una pareja que lleva conviviendo tanto tiempo como mi mujer y yo, lo que digo es que hay que intentar resolver las cosas antes de que la discusión degenere. Tienes que decidir si la discusión merece la pena o si ambos os estáis comportando como unos lerdos».

Biografía más que entretenida, tan bien hilada que se lee sola. Si te gustan las biografías de músicos (aunque pueda parecerse a otras, porque al final todos pasan por los mismos estadios), esta es muy recomendable y te asegura pasar un buen rato, aunque —como yo— no tengas ni puta idea de quiénes son.


Algunos fragmentos de Satán es real

«Hemos llegado a tal punto que más nos vale enrollarnos los privilegios y guardárnoslos en el bolsillo. No puedes dejar que nadie se entere de los derechos que crees tener, porque de otro modo, tarde o temprano, hallará la forma de arrebatártelos».

«Seguro que muchos opinarán que fue una birria de cortejo. Siempre que estaba en la ciudad, iba a visitarla y, por lo general, me pasaba el día entero sentado con ella, pero nunca llegamos a «salir» propiamente dicho. No fuimos mucho al cine, ni a cenar ni nada de eso. En parte porque me daba un poco de miedo espantarla por ir demasiado deprisa, pero sobre todo porque siempre andaba pelado. A ver, si alguna vez salía, sé que sólo lo hacía conmigo, pero el caso es que casi nunca íbamos a ningún sitio. Más bien nos sentábamos a disfrutar de nuestra mutua compañía. Lo que, por otro lado, a poco que uno se pare a pensarlo, puede que sea el mejor tipo de cortejo que exista».

«eso es lo que pretendemos: cambiar su religión, cambiar su manera de pensar, cambiarlo todo. Es como si Estados Unidos pensara que con dinero se puede lograr cualquier cosa, pero lo único capaz de cambiar a la gente es el tiempo. E incluso cuando sucede, no siempre es para mejor».

«Uno de los mayores conciertos que dimos en la gira de Elvis fue en un estadio de béisbol. No creo que ninguno de los asistentes vaya a olvidarlo jamás, porque al final Elvis se desplomó sobre el escenario. Se desmayó como si le hubiese dado un golpe de calor. Por suerte para él, había una ambulancia a tan sólo tres metros del escenario».

«Por descontado, me parece una soberana estupidez. Puede que odie a alguien con toda mi alma, pero os aseguro que esa persona vivirá y morirá sin enterarse. Odiar es una pérdida de tiempo. Lo mejor es olvidarse. No digo que tengas que compartir la cama con tu enemigo, pero el odio siempre acaba perjudicándote a ti mismo. Por eso nunca he tenido una lista negra».

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