Érase un río / Bonnie Jo Campbell

Portada de «Érase un río», de Bonnie Jo Campbell. Traducción Tomás Cobos. Editorial DirtyWorks, 2ª ed. ago. 2020. V. 20
Portada de «Érase un río», de Bonnie Jo Campbell. Traducción Tomás Cobos. Editorial DirtyWorks, 2ª ed. ago. 2020. V. 20

La reseña de hoy está dedicada a una de las novelas que más me gustaron en 2020: «Érase un río» (2011), de Bonnie Jo Campbell. Se trata de una novela de aventuras del S.XX en la que su protagonista, la jovencísima Margo Crane, trata de sobrevivir y conocerse en el entorno rural del Medio Oeste de los Estados Unidos. Río arriba, río abajo, Margo (con la compañía de un fusil, el pulso firme y la madíbula prieta) irá tirando palante entre disparos, pieles, sangre y silencio.

Sus 345 páginas están divididas en capítulos que forman tres grandes bloques: cada uno de ellos cayó de una sentada, dejé hueco en el sillón. Margo es una jefaza, es un personaje digno de admirar. Es tan fascinante descubrir su historia y ver cómo afronta sus aventuras que resulta difícil encontrar el momento de hacer una parada. Me ha flipado, muy recomendable. No me cabe duda de que en cuanto pueda me haré con el otro libro de Bonnie Jo Campbell («Desguace americano») que hay editado también en DirtyWorks.

Quizá Margo estaba renunciando a demasiadas cosas por vivir en una barca, quizá estaba renunciando a demasiadas cosas por la libertad de poder largarse si surgía algún problema. Pero, al menos por el momento, sabía que estaría renunciando a más cosas si elegía el otro camino.

Quién es Bonnie Jo Campbell

Bonnie Jo Campbell (aquí tenéis la bio publicada por DirtyWorks, que mola mucho) es una escritora estadounidense nacida en 1962 en Kalamazoo (Michigan). Se crió en una granja a las afueras de la ciudad, entorno al que se siente profundamente arraigada.

Foto de Chris Magson (https://www.chicagoreader.com/chicago/once-upon-a-river-author-bonnie-jo-campbell/Content?oid=4251397)

Crecí en una pequeña granja en las afueras de Kalamazoo. Luego me mudé. Me mudé a Chicago, viví en Boston, viví en Los Ángeles, viví en Milwaukee y en todos estos lugares estaba tratando de escribir, pero no funcionaba. Cuando regresé a Kalamazoo, de repente, podía escribir.

Entrevista a Bonnie en Arkanamag.org

Además de vivir en todas esas ciudades, antes de ponerse a escribir seriamente, estudió matemáticas y viajó por el mundo. Trabajó haciendo rutas en bici por Europa del Este, Rusia, los Países Bálticos y los Balcanes.

Tiene publicadas dos novelas (la que nos ocupa en esta reseña y Q-Road) y tres libros de relatos. Uno de ellos (American Salvage, finalista en los National Book Award en 2009) también ha sido traducido al castellano por Tomás Cobos y editado por DirtyWorks bajo el título «Desguace americano». No tardaré en hacerme con él.

Bonnie Jo Campbell retrata un entorno y unos personajes que, en conjunto, sólo puedes encontrar en ese Medio Oeste. Describe a personas que cazan, beben, aparentan, obedecen, callan, trabajan y sobreviven como pueden en un ambiente hostil. La naturaleza y la tradición siempre están presentes y condiciona la vida de estos habitantes.

Érase un río: érase Margo

Érase un río es Érase Margo, porque el río es Margo: Margo NO ES un espíritu del río ni cualquier otra criatura.

-Creo que eres un espíritu del río.

No soy un espíritu del río. ¿Por qué los hombres queréis que una chica sea otra cosa que lo que es? -preguntó Margo. No era una niña lobo, como la llamó Michael. También su abuelo le había puesto los apodos de Duende y Ninfa del Río, que ahora parecían extraños, como si el anciano hubiera querido que no fuera una persona exactamente.

-Para que la historia sea más bonita -dijo-.

Margo está muy lejos de ser una criatura. Aunque la historia comienza con ella siendo una adolescente el adjetivo criatura no va con ella. Por una serie de desgracias encadenadas, tendrá que sobrevivir y crecer sola. Su única compañía es el río, ni siquiera hay alguna loba que la amamante o un oso que le sirva de guía espiritual. Su guía espiritual son sus recuerdos, lo que le enseñó su padre, lo que le enseñó su abuelo y lo que observó con sus ojos siempre despiertos.

Lo que no sabía es que parte de Margo existía antes de que se escribiera Érase un río. En el primer libro de relatos de Bonnie (Women & Other animals, 1999) hay un relato (The fishing dog) donde ya se asoma el perfil nuestra prota. Posteriormente, en American Salvage («Desguace americano») vuelve a aparecer en el relato Family reunion. Ese fue el momento en que Campbell se dio cuenta de que «esas historias presentaban a un protagonista que podría ser la misma persona»: Margo acababa de nacer.

Aventura contemporánea del Medio Oeste

El título Érase un río, además de referirse al comienzo de tantos cuentos, me recuerda a las series de dibujos («la vida es así….») que te hablaban del funcionamiento del cuerpo humano, del espacio, de inventores, de historia, del ser humano, de la ciencia, de los exploradores, etc.

Aquí se cumple la misma función. De la mano de Margo, se te invita a conocer cómo es el -ficticio- río Stark que desemboca en el -no ficticio- río Kalamazoo y cómo convivir con este y con sus gentes.

Recordatorio: Kalamazoo es donde nació y creció Bonnie Jo Campbell, donde tuvo que volver para ponerse finalmente a escribir. Os dejo una foto del no ficitio río Kalamazoo.

En la contraportada del libro (y en la página de DirtyWorks) aparece una cita que describe muy bien lo que vas a encontrar cuando te acerques al libro:

«Quién podía imaginarse que Huckleberry Finn iba a necesitar una secuela, o que el propio Huck iba a necesitar una hermana. Pues aquí está, Margo Crane. Una vez que hayas conocido a esta singular hija del río, jamás la olvidarás.» Pinckney Benedict

Ed. DirtyWorks

Nuestra protagonista es una esponja que absorbe información y perfecciona aquello que aprende. Su ídolo desde niña era Annie Oakland (no ficción) y aspiraba a ser capaz de disparar como ella. Con los años, para Margo tener las manos cubiertas de sangre de algún animal será lo más normal del mundo. Sabrá «cortar lonchas finas de venado medio helado a contrapelo de la veta y secarlas en la estufa para hacer tasajo» y conocerá «las virtudes de cada tipo de leña: el nogal americano era el que más calor daba y olía mejor, pero era más dificil de cortar» entre muchas otras cosas.

Margo estaba contenta por aprender tantas cosas y por tener un lugar donde poder ser ella misma

Para ti, como lector sentado en el metro o -en el mejor de los casos- repanchingado en el sofá, todo esto supondrá una auténtica aventura. Te lo garantizo. Jalearás a Margo en alto. Aplaudirás.

Conclusiones de Érase un río, de Bonnie Jo Campbell

Conclusión breve para Érase un río: qué flipe de novela y qué prota tan inolvidable. Ha sido una de las mejores novelas que leí el año pasado y una de las que más voy a recomendar siempre. Es una auténtica novela de aventuras, en un entorno hostil, con una protagonista genial para la que los baches sirven de impulso. Si tuviera una serie en MEGA al estilo Mountain Men, se llamaría River Woman, la protagonizaría Margo Crane y te enseñaría a despellejar animales varios.

Sabía que su padre no iba a entender por qué tenía que matar a esos ciervos -ni siquiera ella lo entendía-, pero el caso es que cuando tenía a uno en el punto de mira, sentía la necesidad de abatirlo, era una necesidad tan natural como respirar.

Si eres un urbanita cuyo contacto con el campo se limita al que te ofrecen los parques de tu barrio, te sentirás (ridículamente vestido) como un pato-explorador espiando desde unos matorrales cercanos. Las descripciones del entorno que hace Bonnie Jo Campbell son tan detalladas que te permiten oler el ambiente y sentir los cambios de temperatura, pero nunca llega a saturar. En esta novela no vas a encontrar palabras de relleno.

Otro bombazo de Dirtyworks que no puedo evitar recomendárselo a todo el mundo, nadie debería dejar pasar la oportunidad de conocer a Margo, la puta jefa. Volverá a aparecer por este blog seguro.


Fragmentos de Érase un río

Cuando Margo sacó la escopeta y disparó a una diana con reinicio automático que su padre habia soldado para ella en su antiguo trabajo. Tenía cuatro blancos colgantes por debajo que giraban el recibir un impacto, y cuan do disparaba al quinto se reiniciaban todos. Repitió el ciclo veinte veces sin fallar ni una vez, recargando con cada disparo, Se había puesto, incluso, los tapones de espuma amarillos que tanto recomendaba el señor Peake; le había dado a Margo una bolsa llena, junto con un montón de dianas de papel. A continuación, sacó del baño el espejito con el que se afeitaba su padre, lo colocó contra la culata del arma y disparo de espal das, por encima del hombro, copiando uno de los trucos de Annie Oakley. Después de veintipico disparos desviados hacia el monte, acertó en el centro de una diana de papel fijada a un trozo de contrachapado, y a continuación dio en el blanco diez veces seguidas.

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