Madrid Bohemio / Agente Provocador

Portada de «MADRID BOHEMIO: AGENTE PROVOCADOR Nº1, 2ª ÉPOCA (VV.AA.)».
Autoría de Mario Rivière

Este estuche del Madrid Bohemio que, en forma de monográfico, nos trae la editorial La Felguera de manos de su Agente Provocador es una auténtica gozada. Sirve para leer y aprender, decorar y admirar.

Me resultaría complicado hacer una reseña en condiciones sin incluir imágenes, para mi gusto se quedaría bastante coja. Porque, junto al cuadernillo con diferentes ensayos relacionados con el Madrid bohemio y la golfemia, se incluyen unas cuantas joyitas ilustradas.

Además del propio estuche (cuya imagen de portada también corresponde a una parte de la historia madrileña) se incluyen un mapa de Madrid enorme y un póster. Cualquiera de estos dos últimos servirían para decorar el hogar de madrileños nostálgicos, son un flipe.

Sobre Agente Provocador y las editoriales independientes

Agente Provocador es el título del magacín de la editorial La Felguera, que es una editorial libre e independiente, bastante punk, la verdad. Cito un par de frases de la presentación que hacen ellos mismos en su página web:

Una editorial que bajo la apariencia de una sociedad secreta, se dedica a revelar los mejores secretos de nuestra época. (…)

Nuestros libros tienen como protagonistas a perdedores, outsiders, rebeldes… hombres y mujeres al límite de todo, historias fascinantes y singulares.

No mienten ni mijita. En cuanto empiezas a investigar sus publicaciones queda patente que son muy selectivos con lo que editan. Es motivo de celebración que pasasen de ser una revista (1996) a una editorial con pies, cabeza y agentes secretos. Alguien tenía que llenar ese espacio situado mucho más allá de los límites tradicionales.

Portada de La Felguera nº 12

Pondré algunos ejemplos de cómo veo el panorama. Para mi gusto están: los grandes grupos (Penguin Random House, Planeta), las editoriales de alto espectro (Anagrama, Tusquets), las que están al margen (Sajalín, Dirtyworks) y las que se salen del mapa (Felguera).

Los dos últimos grupos, los outsiders, merecen especial respeto y, en mi caso, admiración.

Magacín: Santa bohemia. Antología de la golfemia madrileña

Como comentaba al principio, el estuche de «Madrid Bohemio» incluye un magacín temático, que agrupa ensayos de distintos autores, autores de ayer y de hoy. De los de ayer (principios de Siglo XX) muchos me eran completamente desconocidos (Pedro Barrantes, Julio Burell y Cuéllar, Eliodoro Puche, Pedro Mata, etc.). En cambio, otros sí que los conocía en mayor o menor medida como son Alejandro Sawa (del que tengo subidas un par reseñas), Emilio Carrere o Joaquín Dicenta.

Portada del cuadernillo Santa Bohemia: Antología de la golfemia madrileña (VV.AA.)

Pero, autores históricos aparte, la mención especial de este Agente Provocador va para: Servando Rocha. Para mí el gran descubrimiento. Autor que está vivito y coleando y que es quien realiza la introducción del magacín. Su ensayo se titula: Nuestra santa bohemia.

Nuestra santa bohemia: Servando Rocha

Servando Rocha es capaz de hacer una muy buena fotografía de lo que eran estos bohemios / golfemios (te explica la diferencia de una cosa y otra) por medio de explicaciones propias y múltiples citas a textos de la época. Además incluye una bibliografía al final que permite al lector, si lo desea, acudir directamente a sus fuentes: no se inventa nada. Como documentalista tiene mis aplausos.

La pobre señorita Bohemia es muy mal comprendida por estos jóvenes escritores de alma conservadora; no entienden su generosidad, su imprevisora juventud ni su entusiasmo. En lugar de entusiasmo tienen ambición, afán de llegar, vanidad de la letra de molde […]. Han visto en la bohemia solo el harapo, la greña, el sablazo. Y la bohemia es, en esencia, un magnífico gesto de independencia espiritual. Lo otro es secundario, el traje, el parasitismo. Además, no hay derecho a escandalizarse porque los bohemios pidan dinero. En España pide dinero todo el mundo, incluso los jóvenes literatos de ánima asustadiza y conservadora».

Joaquín Dicenta. Madrid Cómico, 27/1/1912

Así, te va mostrando los diferentes puntos de vista y las costumbres de la Bohemia madrileña. Al fin y al cabo -salvando las distancias- muchas de estas costumbres siguen instaladas en algunos círculos hoy en día.

Se les veía en buñolerías o cafés con espejos de marcos dorados, junto a cupleteras, prostitutas y vagabundos, derrumbados en las mesas de mármol o echados en sus divanes apurando el vinacho. Barbas, melenas, chalinas y pipas y, para acompañar, la media tostada, la botella de ajenjo, el éter, la pipa de kif, el aguardiente y el vino barato.

Servando Rocha. Nuestra santa bohemia.

Personajes y lugares

En este «Madrid Bohemio» también hay hueco para Pío Baroja, Mateo Morral, Manuel Machado o Azorín. La verdad es que es un gozo ir descubriendo las relaciones entre ellos. Vamos, que este Agente Provocador me ha encantado.

«Poetas y hetáreas somos hermanos», escribía Manuel Machado en aquel Madrid lleno de espacios oscuros y zonas crepusculares.

En cuanto a los lugares que frecuentaban, el autor te lleva de paseo por Madrid, por el Madrid nocturno de entonces, donde los distritos tenían fronteras o nombres diferentes a los actuales. Te habla de los garitos donde podías encontrar a toda esta banda.

Sus lugares predilectos eran los barrios tenebrosos y bajos fondos. A comienzos de siglo, frecuentaban la sucesión de cafés cantantes, tabernuchas, librerías de viejo y protíbulos de la calle ancha de San Bernardo y sus alrededores

Servando Rocha. Nuestra santa bohemia.

Tras la magnífica introducción de Servando Rocha (al que pienso seguir muy de cerca) y los ensayos que mencionaba, Agente Provocador incluye una entrevista a Emilio Carrere que no tiene ningún desperdicio. No quiero destripar más sobre los ensayos y textos que se incluyen, así que vamos a por la parte gráfica.

El perro Paco: póster e historia

Más listo que el perro Paco. Fragmento póster autoría de Ajo Galván

El estuche incluye un póster autoría de Ajo Galván que muestra al perro Paco en el Café de Fornos, tomándose un bocata, mientras que en la mesa de fondo se aprecia a parte de los escritores que han dejado testimonio de esta Bohemia madrileña.

No conocía la existencia de este perro, que se hizo famoso entre madrileñas y madrileños en esa época. Es una historia muy curiosa y me encanta que le hayan rescatado del olvido de este modo. En la parte posterior del póster te cuentan sus andanzas y su final, una pasada de anécdota. Estoy segura de que más pronto que tarde estaré, cubata en mano, contándole la historia del perro Paco a algún colega.

Paco y sus colegas en el Café de Fornos. Otro fragmento del póster, autoría de Ajo Galván.
De izquierda a derecha: Unamuno, Azorín, Pío Baroja, Sawa y Manuel Machado

El mapa: Madrid bohemio

Y por último el mapa, enorme, con los distritos que frecuentaba toda esta bohemia y con las localizaciones de los cafés, buñolerías o casas de los escritores bohemios. En la parte trasera se explican todas estas localizaciones (que además se mencionan de un modo u otro en el magacín).

Tanto el mapa como la ilustración de la portada del estuche (con las mujeres espadachinas en tetas, que también tiene su historia) son obra de Mario Rivière, otro gran descubrimiento.

La verdad es que el mapa es para enmarcar. ¡Cómo han cambiado las delimitaciones! según el padrón actual mi distrito es Chamberí, pero según el mapa de entonces mi distrito es Universidad.

«Madrileño barrio latino / tan pintoresco y tan genuino / en torno a la Universidad, con sus chirlatas, sus chiscones, yacijas de golfas y hampones, / los billares con sus buscones».

Emilio Carrere

Conclusiones del Madrid Bohemio

Este estuche es una joya, un conjunto de textos e imágenes que sirven de fotografía detallada de lo que fue el entorno de la bohemia / golfemia madrileña. Del mismo modo que hay quien se compra y lee todo lo relacionado con los Beatniks, imagino que los habrá (habremos) que compren y lean todo lo relacionado con nuestra Bohemia. Si eres uno de esos: este monográfico está hecho para ti.

Lamentablemente, para muchos, la relación con outsiders, perdedores y rebeldes va unido a «cuanto más lejos mejor». De este modo parece que no existen y, en este caso, que no existieron. Así que siempre es un gusto apoyar a estas iniciativas que rescatan trozos de historia madrileña olvidada, de literatura castigada contra la pared (por «portarse mal»).

Y, si encima, este rescate lo hace una editorial como La Felguera, se añade el gustazo de apoyar económicamente a esta peña. Ninguna comemos del aire.

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