Estupor y temblores / Amelie Nothomb

Portada de «Estupor y temblores» (1999), de Amélie Nothomb. Editorial Anagrama, 1ª ed. en Colección Compactos (v.747) , abril 2020.
Portada de «Estupor y temblores» (1999), de Amélie Nothomb. Editorial Anagrama, 1ª ed. en Colección Compactos (v.747) , abril 2020.

Repito con una autora con la que me estrené el año pasado y que resultó ser un gran descubrimiento: Amélie Nothomb. En esta ocasión me he aventurado con «Estupor y temblores» (1999), una de sus novelas más conocidas o, por lo menos, la que más personas me recomendaron a raíz de publicar la reseña de Riquete el del copete. Gracias por la sugerencia: lo he pasado muy bien con en libro, me encanta la notas.

En «Estupor y temblores» cuenta cómo fue su reencuentro con Japón, donde había vivido durante su tierna infancia y a cuya cultura se sentía en cierto modo arraigada. Amélie vuelve para trabajar (¡por fin!, ¡qué ilusión!) en una empresa japonesa y lo que se encuentra no se corresponde en absoluto con las expectativas previas: el choque cultural resulta atroz.

Amélie Nothomb ¿non grata en Japón?

Si aún no conoces a Amélie Nothomb y quieres saber quién es, wikipedias al margen, puedes echar un ojo a lo que ya conté sobre ella en la entrada de Riquete el del Copete. Como prefiero no repetirme con asuntos biográficos, os voy a contar lo que supuso la publicación de Estupor y Temblores para ella.

Como comenta la propia autora en una entrevista en Babelia, de El País, en esta novela plasma cómo se vio rechazada por aquel mundo al quería pertenecer a toda costa hasta darse cuenta de que ellos tenían razón: era belga a pesar de que quería pasar por y sentirse japonesa. Para Nothomb, fue triste pero no trágico; para muchos japoneses esta novela resultó ofensiva y escandalosa.

Durante mucho tiempo fue persona non grata, pero según cuenta en otra entrevista (también de El País) parece que la tensión se ha rebajado. A raíz de la catástrofe de Fukushima de 2011, escribió un librito para las víctimas y (aunque asegura que no lo hizo de manera estratégica) parece que desde entonces en Japón tienen mejor imagen de ella. No obstante, mantiene que no dice nada denigrante ni tampoco fue injusta con la sociedad japonesa como para tomárselo tan a pecho. Tras haber leído Estupor y temblores puedo decir que coincido con ella.

Pero si algo aprende de esta novela es que, para dicha cultura, la vida se basa en evitar molestar u ofender al prójimo de ningún modo, se ve que tienen una piel extremadamente fina. Así que la reacción no me extraña.

Una joven occidental perspicaz y espontánea en Japón

Nothomb aterriza en el departamento de contabilidad de una empresa japonesa con toda la ilusión y emoción del mundo. Se imagina un regreso a Japón triunfal, un paseo sobre alfombra roja. Pero ¡ay amiga! qué traicioneras son las expectativas y las ideas preconcebidas.

En su nueva oficina se tiene que enfrentar a un entorno y unas costumbres contrarias a las suyas. Su relación con sus superiores y el trato que estos le dispensan (no permitirle entender japonés, no permitir ningún tipo de proactividad, la sumisión y el silencio más absolutos) suponen un shock para la joven belga.

¿Acaso no era lo peor comportarnos como lo hacíamos, asistir sin rechistar a aquel degradante espectáculo, acaso no era lo peor nuestra absoluta sumisión a la autoridad?

Sin embargo, despierta en ella una especie de curiosidad y obsesión por entender su comportamiento, especialmente el de su superiora más inmediata: además de por japonesa, por ser mujer.

No todas las niponas son guapas. Pero cuando alguna decide serlo, las demás ya pueden prepararse.Todas las bellezas emocionan, pero la belleza japonesa resulta todavía más desgarradora. En primer lugar porque esa tez de lis, esos ojos suaves, esa nariz de aletas inimitables, esos labios de contornos tan dibujados, esa complicada dulzura de los rasgos ya bastan para eclipsar los rostros más logrados. En segundo lugar, porque sus modales las estilizan y las convierten en una obra de arte que va más allá de lo racional. Y, por último -y sobre todo-, porque una belleza que ha sobrevivido a tantos corsés físicos y mentales, a tantas coacciones, abusos, absurdas prohibiciones, dogmas, asfixia, desolación, sadismo, conspiración de silencio y humillaciones, una belleza así constituye un milagro de heroísmo.

La ironía, rareza y humor de Nothomb

Si algo caracteriza a Amélie Nothomb es el humor y la espontaneidad o frescura de su narrativa. El tono empleado a lo largo de toda la novela consigue que la sonrisilla de la cara vaya y venga continuamente. Tiene mucha chispa y sus reacciones casi siempre tienen un toque de genialidad (quizás no el acto en sí, pero sí la manera en que lo asimila y te lo cuenta).

Mi espíritu no pertenecía a la raza de los conquistadores, sino a la especie de las vacas que pacen en las praderas de las facturas esperando la llegada del tren de gracia. ¡Qué hermoso era vivir sin orgullo y sin inteligencia! Hibernaba.

En Estupor y temblores la protagonista lucha por adaptarse a un entorno al que cree que le corresponde pertenecer y traga con lo que le ordenen. Su cabezonería es destacable, no para de intentar ser aceptada aunque no acierte nunca y encima salga escaldada.

—Cállese. Su odioso pragmatismo es digno de un occidental

Estupor y temblores: segunda de Nothomb y sigo sumando

Tras haber terminado Estupor y temblores reafirmo la impresión que me dejó esta autora al terminar Riquete el del Copete a pesar de tratarse novelas muy distintas (una es autobiográfica y otra es un cuento de Perrault versionado). Amélie Nothomb ofrece mediante una narración limpia, divertida y sesuda, nos traslada su visión personal acerca de las diferencias culturales que percibe a través de su propia experiencia.

Tu obligación es sacrificarte por los demás. No obstante, no se te ocurra pensar que tu sacrificio hará felices a aquellos por quienes te sacrificas. Eso sólo les permitirá no avergonzarse de ti. No tienes ninguna posibilidad ni de ser feliz ni de hacer feliz a nadie.

Es una novela de desegaño, de apertura de ojos, de decepción en cierto modo y reposicionamiento para la protagonista. Nothomb enseña a saber encajar los golpes con humor, aceptar la derrota e intentar huir del drama.

—Soy su superiora. ¿Cree usted que tiene derecho a hablarme en este tono grosero?

—Es usted mi superiora, sí. No tengo ningún derecho, lo sé. Pero quería que supiera hasta qué punto me siento decepcionada. La tenía a usted en muy alta estima.

Soltó una carcajada elegante: 

—Yo no me siento decepcionada. No sentía ninguna estima por usted.

Definitivamente, seguiré con esta autora y recomendaría que quien no la conozca pruebe a leer algo suyo. Si te mola su estilo, como me pasa a mí, la buena noticia es que tenemos novelas de ella para hartarnos (quiero recordar que publica una novela al año de forma cronometrada). Volverá a aparecer por aquí sin dudarlo y creo que «Metafísica de los tubos» tiene bastantes papaeletas para ser la siguiente novela suya que lea.


Otros fragmentos de Estupor y Temblores

—¡Me hace muy feliz que ambas hayamos sido niñas de Kansai!

Allí es donde late el corazón del antiguo Japón. También era aquel el lugar en el que latía mi corazón desde el día en que, a los cinco años, abandoné las montañas niponas con destino hacia el desierto chino. Aquel primer exilio me había marcado tanto que me consideraba capaz de aceptar lo que fuera con tal de regresar a un país del cual, desde hacía tanto tiempo, me consideraba originaria.

Redescubrí el mundo sin números. Si existe el analfabetismo, también debería existir el ana ritmetismo para definir el peculiar drama de los miembros de mi especie.

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