Riquete el del Copete / Amélie Nothomb

Portada de «Riquete el del Copete» de Amélie Nothomb. Editorial Anagrama. Colección «Panorama de narrativas», v. 970
Portada de «Riquete el del Copete» de Amélie Nothomb. Editorial Anagrama. Colección «Panorama de narrativas», v. 970

Hoy se estrena en el blog una autora de la que aún no había leído nada a pesar de las excelentes críticas que le acompañan: Amélie Nothomb. He empezado por «Riquete el del Copete» (Ed. Anagrama, 2018) y os adelanto que me ha encantado. No sé si el resto de sus novelas me van a producir el mismo entusiasmo (aunque confío en que así sea) pero esta me ha parecido muy divertida y original, a pesar de que se trata de una adaptación de un cuento de Perrault.

Sobre la autora: Amélie Nothomb

Amélie Nothomb (1967), hija de diplomático Belga, pudo nacer en Bélgica o en Japón, no está claro (no nos lo quiere decir) y ha vivido en multitud de países: Estados Unidos, China, Birmania o Bangladés. Esto la convirtió en una auténtica ciudadana del mundo, casi una apátrida. Parece ser que al probar el chocolate se decidió por considerarse belga. Lo que está claro es que escribe en Francés y ahí, en Francia, cada libro se espera con ansia.

Desde 1992, cada 1 de septiembre ha publicado un libro. Esto hace un total de 28 novelas publicadas a día de hoy, aunque -según dice- tiene más de noventa escritas, pero esas se las reserva para ella y jamás verán la luz. Se define como una mujer de rutinas: cada día se despierta a las 4 de la mañana, se prepara un litro de té y se pone a escribir durante cuatro horas, sobre papel, con su boli BIC.

Siempre va vestida de negro, se la considera algo excéntrica, se define como anti-tecnológica (sin querer saber nada de ordenador, móvil o redes sociales que la esclavicen) y es tremendamente pudorosa respecto a su vida personal. He leído y visto algunas entrevistas que le han hecho y me ha encantado la imagen que proyecta. Aquí tiene una nueva admiradora.

Riquete el del Copete: el cuento de Perrault

Riquete el del Copete es un cuento original de Perrault, que tras pasar por el fantástico filtro mental de Nothomb nos llega como la historia de Déodet y Trémière: el niño más feo a la par que inteligente y la niña más guapa pero más empanada del mundo, respectivamente. Estos son los dos personajes sobre los que gira la novela, se narran sus historias desde el momento en que nacen hasta que terminan por cruzarse.

Como en los mejores cuentos, Amélie Nothomb trata la importancia de la amistad, la familia o el amor a la vez que analiza conceptos como la belleza y la inteligencia en el ser humano. Estas dos no son cualidades que veamos todos de igual forma, no hay una única belleza ni una única inteligencia y en este cuento la autora se dedica a desmenuzarlo.

Tenía razón: la criatura poseía esa forma superior de inteligencia que deberíamos denominar sentido del otro. La inteligencia clásica rara vez incluye esta virtud, comparable a la facilidad para los idiomas: los que la tienen saben que cada persona constituye un lenguaje especifico y que es posible aprender a condición de asimilarlo con la más extrema meticulosidad del corazón y de los sentidos. Esa es también la razón por la cual proviene de la inteligencia: se trata de comprender y conocer. Los inteligentes que no desarrollen este acceso al prójimo se convertirán, en el sentido etimológico del término, en idiotas: seres centrados en sí mismos. La época actual rebosa de idiotas inteligentes y la sociedad consigue que echemos de menos a los entrañables imbéciles de antaño.

El estilo de Nothomb en Riquete el del Copete

La forma de escribir de Amélie me ha encantado desde el primer momento, es precisa y sencilla, irónica y sentenciosa en muchos casos. Uno de los puntos fuertes a la hora de escribir es el tipo humor que emplea, resulta bastante jocosa sin pretender serlo. Es muy espontánea y me ha arrancado risas en alto. Las reacciones de la gente al ver al pobre Déodet, la de su madre cuando se da cuenta de la enorme inteligencia de su bebé o la forma de actuar de Trémière y de su abuela, entre otros muchos detalles, son geniales.

no me apetece deshacerme de ninguno de esos árboles. Son tan hermosos, verdad? «Se os comen la luz», me dicen. Pero preferir la luz a los árboles me parece tan absurdo como preferir el agua a las flores.

A esta autora no parece que le guste enrevesar las palabras, intuyo que le gustan las cosas claras y el chocolate -belga- espeso. ¿Será porque Riquete el del Copete está basado en un cuento infantil? ¿o será este el estilo habitual de la autora? Tendré que leer más libros suyos para descubrirlo.

Conclusiones de Riquete el del Copete

Creo que está más que claro que me ha encantado y me alegro mucho de haber leído por fin a Amélie Nothomb, desde luego coincido con la mayoría de las críticas que había leído hasta ahora. Me ha parecido divertida y juiciosa, moral e inconformista, elegante y sencilla: genial.

Vivimos en una sociedad en la que las cosas tienen que servir para algo. Sin embargo, el verbo servir tiene por etimología «ser esclavo de».

En cuanto a la trama y moraleja de Riquete el del Copete no hace falta ser adivino para saber por dónde van los tiros, pero aún así merece la pena leer esta nueva versión del cuento de Perrault. Es un libro alegre, bonito y positivo, donde se premian y valoran los buenos corazones (más allá del cuerpo y mente que los envuelve).

La noción de amistad aún no existía en la cabeza del niño. No experimentaba una necesidad particular de practicarla. En eso se comportaba de un modo noble: la amistad no aparece para saciar ningún apetito. Surge cuando encuentras al ser que convierte esa sublime relación en algo posible.

En fin, no puedo dejar de recomendarlo para pasar una o dos tardes divertidas. La única pega que le pondría al libro, si es que tuviera que ponerle alguna, es que sus 120 páginas se me han hecho demasiado cortas. No me cabe duda de que seguiré probando con más títulos de la autora, ha sido un estreno espectacular.


Nada mejor que ser mediocre para pensar bien de uno mismo.

2 comentario en “Riquete el del Copete / Amélie Nothomb

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