El olor de los muchachos voraces / Frederik Peeters

Portada de «El olor de los muchachos voraces», de Frederik Peeters y Loo Hui Phang. Ed. Astiberri, 2016.
Portada de «El olor de los muchachos voraces», de Frederik Peeters y Loo Hui Phang. Ed. Astiberri, 2016.

Regreso a Freederik Peeters unos meses después, esta vez con «El olor de los muchachos voraces» donde Peeters ilustra el guión de Loo Hui Phang (encantada de conocerte). Lo pillé porque me apetecía leer algún tebeo sobre el Oeste y apareció en unas recomendaciones que hicieron los de Astiberri en su cuenta de Instragram. No me ha entusiasmado en cuanto a la historia que se cuenta, pero los dibujos de Peeters me han flipado.

Frederik Peeters: mola más cuando él se lo guisa, él se lo come

Es el tercer tebeo que leo en el que interviene Peeters, pero todavía no he leído su obra más conocida y premiada: «Píldoras azules». Tanto en esta como en «Dándole vueltas», el guión es del mismo Peeters, quien imagina y dibuja sus propias historias.

En cambio, ni en «Las migajas» (que me gusto muchó, ojo) ni en «El olor de los muchachos voraces» (la que nos ocupa) el guión es suyo.

Creo que, además de la forma de dibujar, lo que más me atrajo del primer contacto con Frederik Peeters (en «Dándole vueltas») fue lo que contaba. Posteriormente, ninguno de los otros tebeos que he leído me ha molado tanto como ese primero.

El argumento de «El olor de los muchachos voraces», en general, no está mal, aunque es un poco ida de olla. Es un western un poco (demasiado) místico e intrincado.

Una historia del Oeste algo confusa

Tenía ganas de leer una de indios y vaqueros, y esta parecía una buena oportunidad. El comienzo del tebeo muestra el desierto de Texas, con un fotógafo haciendo su trabajo.

Desde que descubrí las primeras viñetas supe que lo iba a flipar con los dibujos y los colores que iba a encontrar. No me equivocaba, me ha encantado.

En cuanto a la historia, tiene algunas virtudes, como la profundidad de algunos personajes o el planteamiento de ciertos dilemas morales. También tiene algunos clichés que no podían faltar en una del Oeste como el pueblo indio pacífico y sabio vs. hombre blanco malo. Pero también tiene una parte bastante mística (al estilo humo negro de Perdidos) que no termina de convencerme: queda todo demasiado confuso y el final es bastante extraño, la verdad. No me esperaba esta fumada.

Peeters sí, pero este… no sé yo

Como decía, no me arrepiento de la adquisión de «El olor de los muchachos voraces» porque la edición mola bastante (cómo no, siendo de Astiberri) y porque mi gusto por Frederik Peeters va en aumento. Sin embargo, me ha dejado un poco indiferente en cuanto a la historia.

He pasado un ratillo entretenido, sobretodo admirando los dibujos del tebeo. Me deja loca cómo juega con las sombras, tal es así que —cuando lo estaba leyendo— a veces creía necesitar gafas de sol. Los escenarios molan tanto y están tan conseguidos que te traslada a la solana del desierto.

Definitivamente, tengo que conseguir «Píldoras azules» para poder demostrar mi teoría de que Peeters mola más cuando él se lo guisa y él se lo come.

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