El koala asesino / Kenneth Cook

Portada de "El koala asesino" de Kenneth Cook (Ed. Sajalín. Traductor: Federico corriente. Incluye ilustraciones de Guido Sender.)
Portada de «El koala asesino: relatos humorísticos de la Australia profunda» de Kenneth Cook (Ed. Sajalín Colecc. Al margen. Traductor: Federico corriente. Incluye ilustraciones de Guido Sender.)

Esta vez traigo la reseña de un libro con el que la risa está asegurada: «El koala asesino: relatos humorísticos de la Australia profunda» escrito por Kenneth Cook en 1986 y editado en castellano por Sajalín en su colección Al margen. Eso sí, hay que tener en cuenta que es una rareza dentro de esta colección, donde las historias habitualmente suelen ser bastante sórdidas, llenas de crímenes y peña chunga; aquí, en cambio, vas a encontrar naturaleza, fauna australiana y situaciones hilarantes.

El autor, Kenneth Cook

Desconocía completamente la existencia de Kenneth Cook (1929-1987), conocía a Robin Cook pero no a Kenneth. No son ni familia lejana, uno nació en Sydney (el que nos ocupa en esta entrada) y el otro en Nueva York. Uno escribía sobre Australia y el otro inventa thrillers rodeados de médicos, investigaciones, virus y demás (tuve mi época Cook).

Kenneth Cook fue escritor, periodista, presentador y creador de documentales. Tiene varias novelas entre las que destaca Pánico al amanecer (Wake in Fright), de la cual se hizo una adaptación cinematográfica en 1971 llamada Despertar en el infierno.

El koala asesino forma parte de una trilogía, los otros dos libros que le acompañan son El lagarto astronauta (Wombat revenge, 1987) y El canguro alcohólico (Frill-Necked Frenzy, 1987). Con lo bien que lo he pasado con el koala, me haré los otros dos antes o después.

Las historias humorísticas de Kenneth Cook

Según Cook, las historias que recoge El koala asesino son ciertas, hechos que le han ocurrido en la Australia profunda pero que son tan inverosímiles que no podía incluirlas en alguna novela. No ocurre nada mágico ni misterioso pero -como todo el mundo sabe- las cosas más sorprendentes que ocurren en la naturaleza (humana incluida) superan en muchos casos cualquier ficción.

En el norte nunca sabe uno hasta dónde creerse lo que cualquiera le cuente acerca de los animales de por ahí. He oído docenas de historias sobre serpientes que persiguen y alcanzan a hombres en moto, búfalos que han embestido contra coches y los han destrozado, y sobre cerdos de un tamaño y de una ferocidad increíble destripando caballos. Sin embargo, aquel policía parecía saberlo todo acerca de los cocodrilos.

El narrador es un escritor que solo pretende hacer su trabajo, sin complicaciones, pero siempre termina envuelto en cierto modo en alguna aventura peligrosa. Es el típico tío regordete (en varias ocasiones hace referencia a su forma física y su cuerpo Danone: blando, blanquito y con tropezones) vestido estilo Coronel Tapiocca cuya guinda son unos calcetines blancos (marrones, llenos de polvo y tierra), al que le gusta estar sentado en un bar y conocer a los parroquianos. Seguramente con un cazamariposas siempre al lado apoyado en la barra (Cook fue muy aficionado a la lepidopterología).

La mayor fuente de problemas de mi vida es que no paro de encontrarme con gente amigable en bares. No solo estimulan mi tendencia natural al alcoholismo, sino que me meten en toda clase de líos en los que preferiría no meterme. La gente amigable me ha acosado en los bares desde que empecé a frecuentarlos, es decir, hace muchísimo tiempo.

El koala y compañía: animales salvajes de Australia

Algo que no falta en estos relatos de la Australia profunda de Kenneth Cook (además de situaciones graciosas) son animales, hay animales por un tubo. Koalas, serpientes (de tropecientos tipos), cocodrilos, cerdos salvajes, camellos, elefantes, tiburones o gatos enormes.

La creencia de que en Australia no hay más criaturas peligrosas que los cocodrilos, las serpientes y las arañas está muy extendida. Es un error. También hay aborígenes y camellos. Individualmente son formidables. Combinados con poco me nos que letales.

Además de koalas asesinos hay humanos, claro, cómo iba a olvidarlos. Hay aborígenes, mineros de ópalo (con la piel rosa), hombres-serpiente, borrachos, policías, timadores y cazadores (entre muchos otros). A todos les rodean grandes extensiones de campo a su alrededor, personas que se encuentran en el extremo contrario del prototipo de urbanita.

por aquellos lares, «vecino» es todo aquel que viva a menos de un día de dura conducción.

Conclusiones de la reseña de «El koala asesino»

Parece que últimamente estoy leyendo más relatos cortos de lo normal y El koala asesino de Kenneth Cook es de lo que más he disfrutado este año, así que me alegra haber mirado más allá de la novela y el ensayo. De verdad, me he reído mucho. No sé si es que soy persona de risa fácil o qué, pero en más de una ocasión me ha provocado carcajada. El relato que da título al libro no tiene desperdicio.

Para capturar un koala solo hay que asustarlo y hacerle saltar o que se caiga de la rama en la que está, y luego atraparlo con la red. En cualquier caso, eso fue lo que me dijo Mary Anne. No me dijo que solo da resultado con los koalas cooperativos.

Obviamente el koala asesino no era nada cooperativo (te partes con la captura). Pero este no ha sido el único relato con el que me he reído. El protagonista cae simpático y empatizas fácil con él (es una persona que ve EL PELIGRO), las situaciones en las que se ve envuelto y cómo reacciona y piensa te hacen reír. Es decir, no sólo es lo que sucede lo que te provoca la risa, también es el cómo lo afronta él.

Además, cada relato de Kenneth Cook viene precedido de una ilustración de Guido Sender, lo que hace que tu imaginación se active intentando averiguar por dónde van a ir los tiros de cada historia. Cuando terminas ves lo acertada que resulta cada imagen, me ha gustado mucho eso.

Resumiendo, no puedo hacer otra cosa que recomendárselo a todos los que quieran pasar unos buenos ratos, creo que las risas están aseguradas para la mayoría del público.


Lo he visto en otras ocasiones, una y otra vez, y nunca aprendo. En cualquier parte de Australia situada al oeste del Bogan, puedes estafar a un hombre, darte a la fuga con su mujer, seducir a su hija, corromper a sus hijos e incluso robarle el perro y todavía cabe la posibilidad de que te perdone, pero como te niegues a beber con él formarás parte de la estirpe de los dingos, serás un paria irredento para siempre, indigno de la bala que en caso contrario estaría encantado de descerrajar.

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