Rompepistas / Kiko Amat

Portada de «Rompepistas», de Kiko Amat. Ed. Anagrama, 2ª ed. en Compactos, ene. 2021. Incluye un Postfacio del autor.
Portada de Rompepistas (2009), de Kiko Amat. Ed. Anagrama, 2ª ed. en Compactos, ene. 2021. Incluye Postfacio del autor.

Regresa Kiko Amat al blog por quinta vez, en esta ocasión con Rompepistas, la que fue su tercera novela y que se publicó en 2009. A estas alturas puedo presumir de habérmelas leído casi todas, solo me quedan dos, y no me cabe ninguna duda de que también caerán. Sigo sin pinchar en hueso en su obra (¿lo habrá?) y cada novela suya a la que me enfrento me flipa. Una vez más tengo que darle la razón a cada colega entusiasta de Kiko que tengo, no hay fallo.

En cuanto terminé el ensayo de Los Enemigos (que comenté por aquí hace muy poco) empecé con esta, que llevaba ya demasiados meses en la pila de libros pendientes, y me duró un suspiro. Devorada. Ñam, ñam. En la entrada correspondiente dije que no tardaría mucho en contároslo y como lo prometido es deuda: vamos a por ello.

Rompepistas y «Los Demás»

No hace falta ser ninguna lumbreras para, viendo la portada, imaginar cuál será uno de los temas (que no el único, claro) de la novela: chavales punks (o pankis, como les decían en su pueblo). Pero no tipo la chavala de Deseo de ser punk, de Belén Gopegui, sino de los otros.

«Somos punks y skins, somos los chicos con botas, somos las ratas con botas, somos feos y pajeros y tiñosos, buscabullas y culoapretados, espitados y bocazas y chulos, botas sucias y caras brutas, los paquetes estrujados y las cabezas rapadas, rotos y descosidos en la ropa y en el alma»

Rompepistas es el mote por el que se conoce a nuestro imberbe protagonista y narrador, el nombre Normal no lo quiere ni mencionar. Lo mismo ocurre con Carnaval y Chopped, sus dos mejores colegas. Carnaval, Rompepistas y Clareana —actual exnovia y que lo odia a más no poder— forman el grupo Las Duelistas, que suenan como pueden. Algunos de sus referentes, como algunos imaginaréis, son Generation X, The Clash, The Specials o los Sex Pistols, no podía ser de otro modo.

Ellos cuatro junto a «Los Demás» forman Skinheads por la paz, el grupo de chavales (y no tan chavales) punks y skins del pueblo. Son jóvenes y se dedican a salir, beber y el rollo de siempre aderezado con violencia gratuita y cerdadas varias. Lo normal. Pero ahí está ese sentido de pertenencia que se crea en las diferentes tribus, donde el grupo es lo primordial y se convierte en la familia que se ha elegido.

Crecimiento personal (no confundir con el coaching ni con vainas de comeflores)

En este contexto de a ver quién es más chungo y levanta más ampollas entre el resto del pueblo, Rompepistas no sabe que todavía es un puto crío. Aunque le haya tocado las tetas a Clareana (de mutuo acuerdo, claro), destroce mobiliario o se ponga de cerveza hasta las cejas.

Así que, lidiando con su primer desamor, las hormonas y los sentimientos de arrepentimiento, vergüenza y el tener que hacerse el machito (como todos los demás); se va desarrollando la historia donde la violencia va en aumento y en la que estos chavales terminarán viéndole las orejas al lobo más de lo que les gustaría. Pero eso sí, todo está contado con el salero propio de Kiko Amat y, además, te descojonas bastante con las situaciones que plantea. Lo mismo que con las reflexiones que tiene el chavalín, vamos, como cuando tu primo de diecisiete años te viene de flipadete y tú ya estás de vuelta.

Seguramente recordaré Rompepistas como una de las novelas en las que la evolución del personaje (¡¡atención, frase hecha detectada, cliché alert!!) salta más a la vista. Desde la presentación, en la que nos cuenta su aventura con la pizza y el ojo de buey, hasta el final en el que… no os voy a decir nada, existe un salto abismal en la personalidad del protagonista y su forma de ver (y relacionarse con) el entorno. Vamos, que el chaval deja la adolescencia en un corto espacio de tiempo, a base de ????? (tendréis que descubrirlo leyéndola).

«Allí entiendo lo que es ser un chungo. (…) Es la cara del que no tiene nada que perder. Es cara de cárcel, no de comisaría. El mapa aéreo de la Modelo tatuado en la cara a puños. Cara de ser el puto de alguien en la cárcel, de mirar siempre por encima del hombro, de haber clavado pinchos en barrigas de tíos sin nombre».

El Postfacio a Rompepistas por parte del autor (el análisis de Kiko)

Como valor añadido a la novela en sí, que para mí no tiene desperdicio, esta segunda edición en Compactos incluye un epílogo de Kiko Amat (El Postfacio) en el que analiza la novela, más de una década después de haberla escrito. Habla de su situación personal de ese momento, de cómo la plasmó en papel, cómo la recibió la crítica o cuánto hay (o no) de biográfico. De ella dice:

«Rompepistas es, resumiendo, la experiencia colérica y vengativa y patética de la tribu roncancol de la clase obrera española, hecha novela de un modo orgánico y natural (…) Si uno quiere buscarle padres a este libro están en Decibelios, están en mi puto pueblo; no en Últimas tardes con Teresa».

En ese tiempo, igual que Rompepistas evolucionó, Kiko también lo ha hecho como autor. Por ello, echar la vista atrás y mirar a los ojos a su escrito, le permite hacerlo de forma muy distinta a entonces. No la considera su mejor novela y, de hecho, se atreve a sacarle algunos fallos.

«Mi editora me dirá que este no es el lugar para soltarlos, que si quiero hablar de sus carencias por qué no las pongo por escrito en un documento legal separado y lo meto en un sobre sellado y lo llevo a un banco suizo y estipulo que lo abran solo después de mi muerte (o la suya), y en cierto modo tendrá razón».

Aquí es donde encuentras a un tipo sincero y que, por otro lado, aplica algunas de las técnicas que aborda en Los enemigos. Bien hecho.

Risas, música, punk y aprendizaje de la mano de Kiko Amat

Definitivamente Kiko Amat está en mi TOP. Ya lo estaba, pero más difícil que llegar es mantenerse. Me voy a ver obligada a modificar la página en la que menciono algunos de mis autores preferidos (algo que, por otro lado, estaba claro que tendría que ocurrir antes o después).

Esta historia, aunque retrata a un grupo de chavales punks y skinetos, perfectamente habría sido trasladable a otras tribus (rockers, heavys, rappers, rhastas…) o peñas (de fútbol o de pueblos, los de Villarriba y Villabajo). Cambiarían la música y algunas costumbres, pero poco más. Al final se trata de la búsqueda de aceptación en un grupo social (o antisocial) y de formar parte de algo especial, de sentirse arropado por afines y de demostrar lealtad hacia estos. De que ya no eres púber, cuando todavía lo eres.

Por eso está llena de sentimiento, de recuerdos de la infancia —porque tampoco ha pasado por más etapas vitales— y de descubrimiento. Eso sí, con mucho cachondeo y sin ningún ápice de ñoñería, aunque en muchos momentos pueda resultar entrañable (como se entere Rompepistas, me mata). Como decía, me lo he pasado pipa con la lectura, una vez más, y no puedo hacer otra cosa que recomendarla. Amat nunca defrauda.


Algunos fragmentos de Rompepistas

«Ahí van, nunca solos. Cuando lo hacen, la gente con la que se cruzan les pregunta con gran perplejidad dónde están Los Demás. Los Demás.
Los Demás.
Porque Los Demás están siempre allí. Su colchoneta donde caer amortiguado, su familia siamesa, unidos por los culos pero cuidado: las manos libres, para beber y dar bofetadas. Y cuando cantan, parece que sólo haya una boca. Pero cuando hablan, parecen cien. Todos charlan a la vez, y nadie sabe hablar bajito; ni hacer nada bajito, de hecho».

«Mirad: somos punks y skins, somos los chicos con botas, somos las ratas con botas, somos feos y pajeros y tiñosos, buscabullas y culoapretados, espitados y bocazas y chulos, botas sucias y caras brutas, los paquetes estrujados y las cabezas rapadas, rotos y descosidos en la ropa y en el alma, malas dentaduras y mal cutis, los peores empleos y barrios, somos la gente que no quieres conocer y venimos de los sitios adonde no quieres ir, nacidos para ser carn d’olla, nacidos para fracasar, el eslabón más bajo de la cadena alimenticia, pisando charcos en la ciudad podrida, carnaza de descampado y bóbila y calimocho, comiéndonos las consonantes y comiéndonos los mocos, expulsados y castigados, sin recreo pero también sin clase, sin clase de ningún tipo, esta noche hay un destroy, tienes-tienes-tienes y nosotros no tenemos nada, pero si tienes una lista negra ya nos puedes ir apuntando, si tienes una lista negra nosotros queremos estar en ella, meando por las calles, rompiendo los cristales, cantando las canciones que no salen en los libros».

«De mí, la gente del pueblo piensa cosas como estas.
Con lo buen niño que era de pequeño.
Con lo guapo que era de pequeño.
¿Por qué va con ese gordo maloliente y culocamión? ¿Cómo puede ser hijo de sus padres, con lo majo que es él, con lo decente que es ella?
¿Por qué va vestido así?
Es panki.
Pues parece un gitano.
Acabará mal.

Y no digo que no tengan razón. Sólo digo que me da igual, es lo único que digo».

3 comentarios en «Rompepistas / Kiko Amat»

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