Mirarse de frente / Vivian Gornick

Portada "Mirarse de frente" (Vivian Gornick) - Traducción de Julia Osuna Aguilar. Editorial Sexto Piso (Colección Narrativa)
Portada «Mirarse de frente» (Vivian Gornick) – Traducción de Julia Osuna Aguilar. Editorial Sexto Piso (Colección Narrativa)

Hoy traigo los siete ensayos que componen Mirarse de frente de Vivian Gornick, publicado originalmente en 1996, traducido recientemente al español por Julia Osuna Aguilar y editado por SextoPiso. Llegué hasta este libro gracias a algunas reseñas y menciones vistas en las redes (principalmente Instagram). Hace unas semanas no sabía quién era la autora ni si tenía más libros y ahora están Apegos feroces y La mujer singular y la ciudad en mi punto de mira para próximas adquisiciones. Me ha gustado bastante, buen descubrimiento este.

La autora: Vivian Gornick

Vivian Gornick nació en Nueva York, en el Bronx, hace ya más de ochenta años (1935) y está de fábula. Seguramente tenga que agradecérselo a su oficio (mi padre sostenía que la mayoría de los escritores son muy longevos) y a su propio espíritu y vitalismo.

No me he informado acerca de la autora hasta que he empezado a escribir esta reseña. Ignoraba todo lo referente a su vida personal más allá de lo que menciona en el libro.

Es escritora y periodista, muy implicada en el movimiento feminista de los 60 y 70 en Estados Unidos. Esto queda patente en Mirarse de frente, el libro comienza con un ensayo titulado Lo que significa para mí el feminismo.

Conforme avanzas páginas el retrato de la autora que se va dibujando es la de una mujer que -adelantada a su tiempo- ha llevado una vida tremendamente independiente.

Para ella “estar sola es una postura política” , así lo explica en esta entrevista que le hicieron en El País no hace mucho. Ahí dice lo siguiente:

Cuando estás solo tú ocupas todo el espacio sin interrupción. Estar solo es bueno, pero sentirte solo no tanto.

Vivian Gornick: sabe más el diablo por viejo que por diablo

Mirarse de frente recoge 7 ensayos en los que se analiza a la sociedad en conjunto y se desgrana al ser humano -de forma individualizada- por medio de personas que se han cruzado en la vida de la autora. Estas vivencias de una mujer experimentada y urbanita que se integró e impulsó el movimiento feminista en Estados Unuidos, están escritas con mucha agudeza y sinceridad.

Del mismo modo que hay veces en que, al mirarte al espejo, te sobresaltas porque no te esperabas la mala cara que tienes, Vivian se sobresalta al ver cómo ha actuado en alguna ocasión. En Mirarse de frente se desnuda y revela algunas actitudes de las que posteriormente se ha arrepentido (y de las que por supuesto, aprendió algo). Se analiza: a sí misma, a otras personas o situaciones con las que ha tenido la suerte o desgracia de cruzarse, las relaciones que unen todas ellas y la sociedad que, finalmente, forma todo ese conjunto.

Como no podía ser de otro modo señala con el dedo y critica temas ligados a la sociedad moderna. Dos de estos temas son el machismo (en forma de acoso, menosprecio, desigualdad, etc.) y la precariedad laboral. Eso sí, en ningún caso, cuando aborda estos temas, hace que te suene a mitin aprendido y palabras repetidas. Mirarse de frente simplemente expone una realidad: Vivian te planta el espejo delante.

Vivian Gornick: urbanita y solitaria

Lo que quiero es llevarme abajo a este ser del que ahora tengo más, a esas calles ruidosas, sucias y peligrosas, y atravesar Manhattan de punta a punta en medio de ese gentío (…). En la calle me sonrío a mí misma como una tonta, caminando rápido ante todo el que viene en sentido contrario.

Seguramente, cuando le preguntan a la autora que de dónde es, responde «de aquí, del Bronx». Es lo que se dice una auténtica urbanita. Ya sabéis que en las ciudades vivimos mucha más gente que en los pueblos, pero más aislados los unos de los otros (figuradamente hablando). Imagino que por eso tienen tanta importancia la soledad (véase el ensayo Vivir sola) y la independencia en este libro.

El esfuerzo diario se convirtió para mí en una especie de conexión. El sentimiento de conexión se fue fortaleciendo. La fuerza empezó a hacerme sentir independiente. La independencia me permitió pensar. Cuando pensaba, me sentía menos sola. Me tenía a mí de compañía. Me tenía a mí, y punto. Sentí el poder de la sabiduría renovada. De los griegos a Chéjov, y de ahí a Elizabeth Cady Stanton: todo el que se ha molestado alguna vez en indagar en la naturaleza de la soledad humana ha entendido que sólo la mente trabajadora de uno mismo quiebra la soledad del ser.

Por párrafos como el anterior, cuando leí la entrevista en el País (está disponible el enlace arriba, en el apartado de esta entrada dedicado a la autora) no me sorprendieron especialmente sus declaraciones sobre estas cuestiones. Su forma de pensar es acorde a lo que te transmite en este libro.

En realidad es más fácil estar sola que estar en presencia de lo que suscita una necesidad pero no consigue atenderla, puesto que entonces estamos en presencia de una ausencia y eso, no sé por qué, no debe consentirse.

El amor por la city (I♥NY)

Por último quiero destacar las escenas propias de la ciudad. Los paseos, el movimiento, la acción. Todas esas cosas que a los que vivimos en medio de este caos, nos encantan. A Vivian está claro que también y lo describe con mucha soltura.

El teatro callejero puede darse en una tienda, en un autobús, en tu propio piso. Esta corriente artística exige tanto un número de actores suficientes para llevar a cabo la acción (comparsas y protagonistas por igual) como un ritmo de intercambio dilatado. En la ciudad abundan tanto lo uno como lo otro. En la ciudad las cosas pueden mantenerse en movimiento hasta que convergen. Cuando convergen, me detengo.

Estas partes en las que retrata la vida de la city (el último texto, En la calle: nadie es espectador, todo el mundo actúa se centra en este tema) son de las que más he disfrutado. Llámale Bronx, Manhattan, Lavapiés o Chamberí.

Camino por la avenida Columbus con un respeto renovado por la vida en estado solitario. Miro las caras ávidas, las caras que buscan, y pienso qué bien lo estamos haciendo en esta ciudad descarnada y sucia los que miramos por ventanas de habitaciones carentes de compañía, con esa textura áspera en el café de la mañana y la angustia de pequeño calibre con la copa de la noche. Al otro lado, en el resto del país, las caras son retraidas y remotas, excéntricas por culpa del aislamiento. En la avenida Columbus la soledad colectiva es un elemento estable. Puede generar cultura.

Conclusiones de «Mirarse de frente»

Me han gustado bastante estos siete ensayos que Vivian Gornick (mujer muy trabajadora, concienciada, independiente y reflexiva) nos trae. Contiene las vivencias, aciertos, errores y -sobretodo- lecciones aprendidas en toda una existencia. Por un lado me atraen algunos temas en los que pone el foco (además de los comentados en la reseña, también dedica bastantes momentos al oficio o placer de escribir, véase el ensayo Escribir cartas). Por otro lado me gusta cómo los trata -sosegadamente- desde su punto de vista. Aporta la visión de quien se negó a quedarse sentada y encerrada en el gineceo.

Si eres mujer y rata de ciudad, te vas a mirar de frente a través de estos ensayos en más de una ocasión. Si no eres mujer también te gustará conocerla, no tengas miedo, da buen nombre al feminismo y no se abusa del tema. Como -casi- siempre es un placer aprender de gente que ha vivido más que tú, no me cabe duda de que repetiré con esta autora. Mirarse de frente ha resultado una grata experiencia así que en cuanto pueda le hincaré el diente a su famosa Apegos feroces.

Un pensamiento en “Mirarse de frente / Vivian Gornick

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