El Gran despertar / Julia Armfield

Portada de «El gran despertar », de Julia Armfield. Ed. Sigilo, 1ª ed. en España may. 2021, Trad. Marcelo Cohen. Il. portada: Dan Waisman
Portada de «El gran despertar », de Julia Armfield. Ed. Sigilo, 1ª ed. en España may. 2021, Trad. Marcelo Cohen. Il. portada: Dan Waisman

Hoy traigo la reseña de un libro que me ha resultado ni fu ni fa, ni chicha ni limoná, y sin embargo lo respaldan muy buenas críticas. Me refiero a El Gran despertar, de Julia Armfield, un libro de relatos protagonizados por mujeres principalmente. No puedo echarle la culpa de este desencuentro lector a nadie que en concreto me lo haya recomendado (ni a personas de carne y hueso ni a virtuales), solo puedo culparme a mí. Eso pasa por blandengue.

Había visto la portada por las redes. Me ocurrió con ella lo mismo que con los huevos Kinder que hay justo donde haces cola para la caja del supermercado: me hizo ojitos. Me pilló esperando a que Juan, el librero, terminara de anotar un pedido. Estaba distraída mirando la mesa de las novedades y, cuando quise darme cuenta, había alargado el brazo y había enganchado un ejemplar. [¡Y esto de premio! ¿De premio por qué, tronca? Porque yo lo valgo].

Y así, ese libro tan atractivo, que parece un tebeo con tintes góticos y que recuerda a Tim Burton (tengo pocos referentes de este rollo), ya estaba en mis manos cuando colgó Juan el teléfono y llegó el turno de aflojar la pasta. Carta en la mesa, presa; pero al revés. Ya no había marcha atrás: «Pues me llevo estos dos… Y este de propina». [Uno de relatos góticos, ¡lo que más te gusta, tu puta especialidad, Katrina!].

La londinense Julia Armfield

Al menos, saquemos algo en claro sobre esta autora y aprendamos algo nuevo. Julia Armfield nació en Londres en 1990, y ha estudiado bastante sobre literatura, más concretamente: Arte y Literatura Victoriana por la Universidad Royal Holloway [yo, ni papa]. También se hizo unos cuantos cursos de escritura creativa de Curtis Brown.

¿Quién es ese Curtis? Pues Albert Curtis Brown fue un señor que en 1899 fundó una agencia literaria con su nombre que, por lo visto, no ha parado de crecer. Han representado a Margaret Atwood o John le Carré, aunque actualmente se trata de una agencia de talentos global y no solo se dedica a la literatura.

Cuando Armfield publicó en 2019 El Gran despertar (título original Salt Slow), lo petó bastante en Inglaterra y después en Estados Unidos. Fue preseleccionada para un montón de premios, pero en la mayoría se quedó a las puertas. Primero fue preseleccionada para el premio al mejor escritor del año del Sunday Times en 2019; al año siguiente, en 2020, candidata al Polari Prize, al Edge Hill Prize y al London Magazine Prize for Debut Fiction.

Por lo visto, en 2022 está previso que publique una novela: Our wives under the sea (literalmente, algo parecido a: Nuestras esposas bajo el mar; habrá que ver cómo lo traducen al castellano —si es que se traduce, claro—). Podría darle una oportunidad a la novela. Pero si veo en una sola reseña la palabra «gótico» o la etiqueta «realismo mágico», me temo que lo dejaré en paso.

Los relatos y los finales que se fuman

El Gran despertar no es un mal libro, Julia Armfield escribe muy bien, a veces ligera, a veces más poética. Es ingeniosa, la lectura no se te puede hacer pesada. Pero si tengo en cuenta todo el conjunto de cosas que valoro de un relato (no solo la forma de escribir, sino la historia que describe y su desenlace), diría que me han gustado solo dos, de los nueve que incluye.

No soy muy amiga de las historias cortas, pero este es el ejemplo perfecto de por qué no me gustan. En la reseña de Desguace Americano, de Bonnie Jo Campbell, comenté lo siguiente: «no es necesario que el personaje se esfume-evapore-transforme-trascienda-mimetice-desaparezca-deshaga al final del cuento para que mole. Menuda puta manía con eso, de verdad». He de confesar que mientras escribí esa reseña, estaba leyendo El Gran Despertar y esa era la sensación que tenía.

El «goticismo mezclado con realismo mágico», que tanto se menciona en las opiniones de este libro, no va conmigo. En una novela sí me podría gustar ese derroche de imaginación (véase Haruki Murakami), porque esa magia puede extenderse, hilar, tergiversar y jugar conmigo. Pero estos relatos se me hacen tan cortos que no me creo na, no me emocionan: me dejan fría. Además, algunos finales se intuyen, esperas que no sea así, pero aciertas. [¿Será que durante las últimas décadas se está enseñando lo mismo en muchos cursos de escritura creativa e igual, en ciertos casos, ya no es tan creativa?]

He disfrutado de la lectura en muchos de los cuentos, pero al terminarlos se habían desinflado. ¿Con cuál me quedaría? Con el de la mujer loba, Primariamente salvaje. En fin, un fallo lo tiene cualquiera. ¡NEEEEEXT!


Un par de extractos de El Gran despertar

«Cuando ya mayores los dos decidimos irnos a nuestra larga y comprimida ciudad de escaleras angostas y pilas de chimeneas vacilantes, mamá puso el grito en el cielo, exigió que lo repensáramos y recalcó que las ciudades no eran lugares para vivir sino para obsesionarse, que sencillamente terminaríamos siendo dos fantasmas más en un lugar ya repleto de fantasmas».

«—A la mañana me gusta el silencio —le ha dicho una vez, tapándole la boca antes de que él tuviera plena conciencia, de modo que él se desperó parpadeando, creyendo que lo atacaban.

No bien la pudo entender, él empezó a actuar como le había pedido, a vestirse mordiéndose la lengua, y entonces ella se descubrió hablándole de todos modos. Le mostró dos camisas preguntándole cuál ponerse, le buscó la mirada en el espejo, llena de culpa, mientras él fingía incapacidad, una boca cosida de muñeco vudú.

—Puedes hablar —había dicho ella al fin—. Lo siento.

Le quitó de los labios los puntos invisibles y extrajo la voz como si la hubiera atrapado una red».

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