Camposanto / Agente Provocador (La Felguera)

Portada de «Camposanto: guía de cementerios ocultos de Madrid y Barcelona». Ed. La Felguera, 2021. Colección Agente Provocador: 2ª Época, v.3. Autores: Servando Rocha y Javier Calvo. Ilustraciones de Mario Riviere.
Portada de «Camposanto: guía de cementerios ocultos de Madrid y Barcelona». Ed. La Felguera, 2021. Colección Agente Provocador: 2ª Época, v.3. Autores: Servando Rocha y Javier Calvo. Ilustraciones de Mario Riviere.

Hoy traigo la tercera entrega de la segunda época del Agente Provocador: Camposanto: guía de cementerios ocultos de Madrid y Barcelona, de Editorial La Felguera. Siguiendo la línea de esta colección, junto a algunos textos rescatados sobre el tema que aborda el monográfico, se incluyen dos ensayos: uno a cargo de Servando Rocha (cementerios de Madrid) y otro de Javier Calvo (Barcelona). Además, el diseño y las ilustraciones de Mario Rivière terminan de bordar el conjunto (no hay más que ver la portada).

No soy yo muy de cementerios u otros temas que me pongan los pelos de punta, y a pesar de eso me ha gustado mucho. La verdad es que lo he devorado, me ha resultado interesantísimo y (como siempre ocurre cuando lees al Agente Provocador) he quedado muy satisfecha. No sabía yo que tenía tantos camposantos en unos pocos cientos de metros a la redonda. Qué yuyu.

«Caminamos todos los días sobre huesos. Hay tantos restos humanos bajo nuestras calles y plazas que es raro el día en que no los estemos visitando sin saberlo. En muchos casos no se sabe que están ahí. En otros muchos, sí».

Javier Calvo en Barna, Servando en Madrí

Ambos autores han aparecido ya en el blog el alguna ocasión, así que no me voy a extender demasiado, pero me resulta curioso que habiendo estado treinta y siete años sin saber de Javier Calvo, me tope con él dos veces en menos de un mes.

Mapas de «Los cementerios ocultos de Madrid y Barcelona», de La Felguera.
Mapas de «Los cementerios ocultos de Madrid y Barcelona» (Agente Provocador 2ª Época, v.3), de La Felguera.

Cuando desplegué «la sábana» (papel tamaño A1 como poco) que incluye los mapas de los camposantos ocultos de Madrid y de Barcelona, descubrí que en la otra cara estaba el ensayo Los cementerios perdidos de Barcelona, cuyo autor era Javier Calvo. Al leer su nombre me vino a la mente el prólogo de Tainted Love, ¿se tratará de la misma persona?. Tras haber leído el susodicho prólogo y el presente ensayo, me dejo como tarea pendiente localizar más información sobre este autor.

Servando Rocha (que ya es su quinta aparición en el blog —y las que le quedan por aparecer—) nos presenta el ensayo Los cementerios ocultos de Madrid y Crepúsculos, que me ha flipado. Qué bien cuenta las cosas y qué interesante resulta todo lo que dice. Maravilla.

«En sus comienzos el Cementerio General del Sur, en la calle de la Verdad, en lo que actualmente es Carabanchel Bajo, en uso hasta la posguerra, no contaba más que con una valla fácilmente franqueable. Los perros, día y noche, pululaban desenterrando huesos y royendo féretros. Chuchos llevando entre sus fauces brazos arrancados. Banquetes sanguinarios. Allí, entre otros, iban a parar los ajusticiados».

Camposanto: Historias de la cripta ibérica (por La Felguera)

Una vez más, Agente Provocador no defrauda (definitivamente me tienen enganchada a esta colección). Con Camposanto he pasado unos buenos ratos y además he aprendido un huevo de cosas (otra cosa será s si mi memoria las ha fijado bien a la pared).

No era consciente de la cantidad de cementerios que han existido y que se han desmantelado bajo nuestros pies, no me había parado a pensar en ello. Tampoco sabía nada de Los Crepúsculos ni conocía la procesión de la Buena Muerte. Lo mismo digo del cementerio judío de Barcelona, otra cosa de la que no tenía ni idea. Y, así, puedo continuar un rato; el estuche está repleto de curiosidades.

«El desmantelamiento del cementerio judío generó un fenómeno curioso en Barcelona, que es la aparición esporádica e inesperada de piedras con inscripciones hebreas en lugares del casco antiguo donde no tiene ninguna lógica que estén».

Total: que fruto del afán que tienen los de La Felguera de investigar y rescatar fragmentos de la historia reciente de nuestras ciudades, nos obsequian una vez más con una entrega digna de coleccionar. La edición está currada y además el contenido es interesante y crítico (no podía ser de otra forma tratándose de ellxs); me alegra haberme hecho con él, ya solo queda esperar al estuche número 4.


Algunos fragmentos de Camposanto: guía de cementerios ocultos de Madrid y Barcelona

«Nada de todo lo que he repasado aquí convierte a Barcelona en un lugar singular. La verdad ineludible es que vivir en una ciudad conlleva vivir con los muertos. Esto es cierto en sentido metafórico, claro. Vivimos con el legado de los muer tos. Vivimos en sus calles y sus casas. Convivimos con sus fantasmas, que no son otra cosa que sus improntas. Pero también es cierto en sentido literal. Están ahí abajo, en el subsuelo sobre el que paseamos, comemos y vamos a trabajar. Sería un ejercicio interesante saber exactamente cuántos restos humanos encontrados al azar son trasladados a museos o a otros lugares designados para sepultura».

(Los cementerios perdidos de Barcelona, Javier Calvo)

«Durante el verano de 1920, los obreros de la cuadrilla de noche que trabajaban en abrir el espacio necesario para establecer los andenes de la futura estación de Progreso, al
dar unos piquetazos se vieron sorprendidos por un ligero derrumbamiento de tierra, piedra y ladrillo, que los hizo retroceder. […]
El 2 de septiembre, tras las autoridades intentar ocultar lo sucedido, el periódico La Voz publicó la noticia: los aterrorizados obreros dieron con doscientos cadáveres de frailes del antiguo convento, que habían fallecido precisamente allí. Llevados por el terror, describieron algunos de los cadáveres como propios de gigantes».

(Los cementerios ocultos de Madrid y Crespúsculos, de Servando Rocha; sobre el convento de La Merced)

«Pronto el Cementerio General del Norte se quedó pequeño. Con la primera epidemia de cólera (1834), una calamidad que se achacó a nuestra vida pecaminosa y afrancesada, este no daba a vasto. El cementerio estaba casi unido a tres sacramentales, que surgieron y proliferaron cuando los feligreses de determinadas parroquias corrían el riesgo de ser enterrados junto a don nadies, prostitutas o bandidos».

(También del ensayo de Servando Rocha: «Su ubicación exacta era entre las calles de Magallanes -la calle más sombría y triste de aquellos años, descrita por Pío Baroja como un camino funerario a evitar-, Fernando el Católico, Rodríguez San Pedro y Vallehermoso». )

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