Ummo. Lo increíble es la verdad / Eduardo Bravo

«Todo es mentira, salvo alguna cosa» (M.Rajoy)

Lo primero, decir que me ha encantado y me lo he pasado muy bien leyéndolo.

Este libro no va de ovnis, bueno sí, trata sobre el origen de la farsa de «Ummo» y todo lo que esto conllevó. A algunos quizás le suenen historias tan aberrantes como la secta de Los niños de dios, Edelweiss o El caso de la mano cortada , bien porque les haya interesado este tipo de asuntos (no es/era mi caso), bien porque hayan vivido en esa época -que no es mi caso- en la que la libertad de prensa brillaba por su ausencia y, a falta de noticias, no solo «El caso» trataba estos temas (también se pueden encontrar publicaciones en ABC u otros periódicos).

Me ha gustado mucho la sinopsis que aparece en FNAC, cito parte:

(…) el asunto Ummo, una de las narraciones más apasionantes relacionadas con lo extraño y que pronto dejó de ser una historia de platillos volantes y marcianos para derivar en otros temas igual de absorbentes en los que se mezclan nazis, sectas, experimentos de control social, conspiranoia y sadomasoquismo. «Ummo. Lo increíble es la verdad», el nuevo proyecto de Eduardo Bravo y Autsaider División Sesuda después de «Villa Wanda», análisis pormenorizado del caso buceando en los entresijos de la mente humana para tratar de entender qué lleva al personal a tragarse semejantes trolas

Es un libro muy bien documentado, con multitud de referencias a entrevistas y artículos de periódico de la época. Sin embargo, muy ameno de leer.

No es un simple listado de fuentes (que el lector puede contrastar, ¡gracias google!) puesto que el autor se permite hacer sus apreciaciones con un tono bastante irónico tanto en los textos, como -sobretodo- en los pie de foto. Ejemplos de ello:

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En fin, es un libro para escépticos que quieran pasar un buen rato, echarse unas risas (os prometo, que me ha arrancado alguna carcajada) o llevarse las manos a la cabeza en más de una ocasión.

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 Os dejo una de las partes que me han resultado más curiosas

El Café Lion de la madrileña calle de Alcalá, frente al antiguo edificio de Correos, podría ser lo más parecido a una zona telúrica, por no decir una boca del infierno o hasta un vórtice energético.

Desde que fuera fundado en 1929 por Alberto Gallardo y Pilar Mayo, matrimonio cuya familia también era propietaria del Lion d’Or de Alcalá a la altura de Sevilla, el local se convirtió en un punto de encuentro de falangistas, nazis, poetas, músicos, escultores, aristócratas, decadentes y sicalípticos que se reunían en su amplio sótano, perfecto para encuentros y tertulias.

La parte inferior del local era popularmente conocida como La Ballena Alegre por estar ese lema escrito en alemán (Zum Lustigen Walfisch) en una de las pinturas de Hipólito Hidalgo que decoraban las paredes. En esa parte del café solían coincidir, aunque cada uno en su mesa, personalidades como José Antonio Primo de Rivera, Agustin de Foxá, Rafael Sánchez Mazas, Federico Garcia Lorca o Gabriel Celaya.

De hecho, fue en una de esas mesas donde los fundadores de la Falange compusieron el Cara al sol. Himno que Celaya y los poetas del 27 ayudaron a retocar para que encajase bien en sílabas**, a la vez que hacían otras cosas de poetas, como escribir versos, despotricar de las obras de otros colegas y fundar revistas como Cruz+Raya de José Bergamín, que lanzó su primer número en 1933 y cesó su publicación cuando estalló la Guerra Civil.

Durante los tres años de contienda, los falangistas dejaron de frecuentar el lugar, al cual regresaron a partir de abril de 39, acompañados de unos cuantos nazis que, en un primer momento estaban de paso por la ciudad y, más tarde, se afincaron definitivamente en Madrid, donde el clima era mas amable que el de Nurenberg.

Durante los años de la dictadura, con el derecho de reunión prácticamente restringido, La Ballena Alegre se convirtió en un reducto más o menos libre en el que poder charlar, compartir opiniones, presentar libros, impartir conferencias y organizar eventos con nombres tan poco afines al Concordato con la Santa Sede como Akelarres Poéticos.

**Allí, en La Ballena Alegre, nos gastábamos chistes, nos decíamos bromas. Les llamábamos nosotros «fascistas», «hijos de puta», así. Justamente enfrente estaba la peña de los fascistas. Yo he visto nacer el Cara al sol, allí nació, allí lo inventaron ellos, delante de nuestras narices. A nosotros nos daba mucha risa y les corregíamos los versos. Pero en broma. A nadie se le hubiera ocurrido que aquello fuera acabar en una guerra civil». Testimonio de Gabriel Celaya para el programa Los años vividos de RTVE. Emitido el 26 de enero de 1992.

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