Las sinsombrero / Tània Balló

Lamento la tardanza, pero este libro se me ha quedado enquistado. Esta ha sido otra recomendación del mismo librero que acertó con El hombre que inventó Madrid y con las Conversaciones con Pepín Bello, pero esta vez no ha dado en el (mi) clavo.

El libro vino acompañado de una advertencia: léelo por capítulos, no todo seguido. Con eso ya empezamos mal. Pero bueno, lo mismo se podría decir de Madrid Oculto y me lo leí del tirón muy gustosamente. Esta vez no ha sido así, de hecho no he terminado el libro, me he quedado sobre la página 130 de 300 que tiene. Lo he intentado pero lo único que ha conseguido ha sido bloquear mi ritmo lector, así que: cerramos capítulo.

Un resumen muy general sería: sí, pero no. Empezaré por la parte buena.

«Sí» porque desconocía la existencia del «movimiento sinsombrerista» y de casi todas las protagonistas del libro, salvando a María Zambrano (que a muchos nos suena). Por tanto, he disfrutado bastante leyendo el prólogo, que contextualiza el asunto.

Sobre el «origen» del movimiento sinsombrerista (desde mi punto de vista, tratar de concretar su origen es como tratar de encontrar dónde está el origen de cualquier otra moda-rebelde de juventud) nos cuenta:

Aunque no está claro el origen del movimiento sin-sombrerista en España, que se inicia oficialmente a partirde la década de 1930, hemos creído que la anécdota antes mencionada por Maruja Mallo, en la que junto a Lorca, Dalí y Margarita Manso se quitan el sombrero en medio de la Puerta del Sol, fue el primer acto público de esta tendencia. Es difícil saber el alcance de dicha travesura y su conciencia fundacional. La fecha de la performance podríamos datarla entre 1923 y 1925, ya que es entonces cuando la pintora gallega, Salvador Dalí y Margarita Manso coinciden como estudiantes en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, y junto a Federico García Lorca, establecen un fuerte lazo de amistad.

Al parecer en los años 20, en las clases pudientes, era de mal gusto no llevar sombrero. Solo los hombres tenían permiso para quitárselo en lugares cerrados (véase la ópera), no así las mujeres. Así que, el hecho de ser de familia bien y no llevarlo, era una clara forma rebeldía.

En la anécdota mencionada (debería volver a revisar el de Pepín Bello, porque seguro que alguno de estos nombres se mencionan) el movimiento aún no tenía nombre, pero terminó siendo bautizado.

La aparición «oficial» del movimiento sinsombrerista en España estuvo capitaneada por el no menos polemista Ramón Gómez de la Serna. El mismo, en un artículo publicado en El Sol, en agosto de 1930, «En, por, sin, sobre el sinsombrerismo», expone las bases ideológicas del movimiento: «El fenómeno del sinsombrerismo es más amplio y significativo de lo que parece. Es el final de una época, como lo fue el lanzar por la borda las pelucas. Quiere decir presteza en comprender y en decidirse, afinidad con los horizontes que se atalayan, ansia de nuevas leyes y nuevos permisos, entrada en la nueva cinemática de la vida, no dejar nunca en el perchero la cabeza, no apagar luces del aceptar, ir con rumbo bravo por los caminos de la vida, desenmasc-rarse, ser un poco surrealista». Será a partir de entonces cuando la moda de no llevar sombrero se generaliza, sobre todo en los hombres jóvenes que se identificaban con los nuevos aires de modernidad y de ruptura. De nuevo Gómez de la Serna de forma extraordinaria nos narra en «Aventuras de un sinsombrerista» todos los avatares sufridos a lo largo de su campaña en contra del sombrero y describe la euf-ria de los jóvenes ante sus alegatos públicos sinsombreriles en los que aquellos proclamaban: «No haremos lare volución sin compromiso. […] No estamos de paso en la vida como los hombres con sombrero. […]

Según se mire, como comenta la autora del libro,

Está claro que la acción de no llevar sombrero era, para unos, un gesto de profunda transgresión y, para otros, una pataleta de jóvenes de buena cuna.

Y tras esto es cuando ya entramos en materia de las que denomina «las sinsombrero», un grupo de mujeres, artistas, que se enmarcan en la generación del 27. Estuvieron codo a codo con Buñuel, Dalí, Lorca, Juan Ramón Jiménez (y esposa), Alberti, Cernuda, Gómez de la Serna, etc. pero lamentablemente, la mayoría, desconocemos sus nombres (y ni qué decir de sus obras).

Las protagonistas son: Margarita Manso, Marga Gil Roësset, Concha Méndez, Maruja Mallo, María Zambrano, María Teresa León, Josefina de la Torre, Ernestina de Champourcín, Rosa Chacel, Carmen Conde, Ángeles Santos y María Blanchard. Las podéis ver (de una vez) a todas aquí: en esa página web podéis infomaros sobre todo este asunto.

Me ha encantado conocer a Maruja Mallo (pintora) y a Marga Gil Roësset (escultora, ilustradora y poetisa). De la primera me llevo la impresión de haber peleado para ser una persona completamente libre y feliz (solo hay que ver sus pinturas) y haberlo conseguido.

La segunda me ha enternecido, ¡pobre muchacha romántica que se quita la vida en plena juventud! De su obra, me alucina lo de el «Rose des bois», cuento que escribió su hermana Consuelo (18 años) y que ella, con 15, ilustró. Se dice que sus ilustraciones inspiraron a Antoine de Saint-Exupéry para su obra de El Principito.

De este modo se intenta recuperar la memoria y salvar del olvido a todas estas mujeres que, seguramente, no aparecen en los libros de la ESO. Dar visibilidad a la revolución que llevaron a cabo, sombreros aparte:

García Sanchiz, en un artículo publicado por aquellos años en el periódico La Esfera, «La Venus actual», nos señala: «Rodaron los años, estalló, desarrollose y se resolvió la guerra; se ha nutrido la moral, se perfeccionaron algunos inventos que traen normas para el porvenir; en suma: cambió el ambiente del mundo, y una de sus consecuencias ha sido la creación de otro modelo femenino. Después de las madamas y de las emperatrices, de las ninfas, de las inspiradoras de cromos, vinieron los perfiles enigmáticos, las vampiresas, la musa fatal, el chic, las brujitas frívolas, y ahora llegan unas mujeres feas y adorables, sanas, desceñidas y que olvidaron el uso del corsé, reidoras con sus canosos labios, arriscadas, fuertes, que parecen heroicas junto al hombre, con sus trajes entallados y sus pulseras».

En ese aspecto, el libro sí. Ahora viene el no.

No puede ser que en la primera página del primer capítulo, sobre Margarita Manso, lo primero que me cuente la autora sobre ella es que «se dice, se comenta» que se lo montó con Lorca mientras Dalí miraba, que él era muy de mirar. ¿En serio esa es la primera información que recibo de ella? ¿qué se quiere transmitir exactamente? ¿no podría empezar, como en otros capítulos, poniendo el foco en su obra, por ejemplo?

Ocurrido esto, fue como despertarme con el pie izquierdo. Un run-run detrás continuo. Por otro lado la narrativa no tiene nada destacable, pero esto se explica porque antes del libro la autora hizo un documental. Es principalmente directora de cine, no tanto escritora. Y finalmente, lo he tenido que dejar, me veré el documental para informarme de las que me faltan (María Teresa León, Josefina de la Torre, Ernestina de Champourcín, Rosa Chacel, Carmen Conde, Ángeles Santos y María Blanchard).

Por tanto, mi resumen sobre este libro es: tenéis que ver el (su) documental de las sinsombrero, que está gratis en Internet.

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