La mujer de la escalera / Pedro A. González Moreno

Hoy le toca el turno a una novela de intriga: «La mujer de la escalera», Premio de Novela Café Gijón 2017. Su autor (poeta, escritor y profesor de lengua y literatura) ha publicado bastantes obras, principalmente de poesía. Sin embargo, como no soy muy ducha en ese tema, lo que tengo de él es otra novela publicada anteriormente: Los puentes rotos. Me encantó en su día y lo comenté en este mismo blog.

Una vez situados, vamos a por el premio gordo.

La novela comienza con la aparición de dos cadáveres: uno en pleno salón de actos de la universidad (no se específica, pero en mi mente es la Complu) y otro, el Decano, en su casa. Como en toda buena novela negra el asunto va de averiguar qué ocurrió y por qué.

Para ir desenmarañando la trama, la protagonista (y narradora) desvelará y pondrá en orden todo lo ocurrido los últimos meses. Todo comienza en el momento en que uno de los profesores más veteranos (a punto de jubilarse) les encarga, a ella y a un compañero de promoción, la tarea de localizar unos antiguos libros de teatro medieval. El hallazgo de estos libros sería todo un hito. A partir de ahí se empieza a enredar todo. Sobretodo para la protagonista.

De la trama no quiero desvelar nada, pero sí que diré algunos aspectos generales que me han gustado mucho.

Lo que más me ha gustado de todo es que este libro huele a amor por: los libros (físicamente), la literatura y el teatro (que al final es darle vida, humanizar, personificar lo anterior ¿no?).

En un país donde se cierran los teatros pero se llenan los estadios y las plazas de toros, es evidente que algo no funciona muy bien.

  • Lo primero (la bibliofilia) queda bien patente con los detalles que se dan de las ediciones y la importancia que se le da a los bibliotecarios en la historia (más allá de la novela).

Lo de los bibliófilos me había parecido siempre una pasión enfermiza, sin embargo ahora sentía que lo que sostenía entre mis manos era algo similar a un órgano vivo y palpitante.

  • Lo segundo por utilizar como punto de origen un «misterio» de la literatura española: la ausencia de referencias dramáticas en lengua castellana entre el S XII y el XV .
  • Lo tercero por la relevancia que tienen en la vida de los protagonistas La Celestina, Luces de Bohemia y el grupo de teatro que compartían los protas (Bambalinas 9).

Leyendo aquella sarta de banalidades me di cuenta de que casi todos los personajes de La Celestina, al menos los principales, hablaban de mí misma y del mundo que me rodeaba. Un mundo donde había contemplado, y muy de cerca, las más turbias ambiciones, la mentira y el engaño, el rencor y la desesperación, pero también el amor. Todos esos sentimientos los había visto y aún continuaba viéndolos a mi alrededor, dentro de un gran escenario en cuyo centro me encontraba yo. De mí hablaban la inocencia de Melibea, pero también la deslealtad de Sempronio, el egoísmo y las palabras arteras de la vieja hechicera, incluso la fe ciega y la pasión de Calisto. En todos los personajes encontraba alguna actitud, alguna emoción o algún gesto con los que identificarme, o despertaban en mí algún recuerdo que conseguía avergonzarme o estremecerme.

Pero aquí no solo vas a encontrar teatro, libros y conspiraciones universitarias.

Una parte de la vida te la amargan tus superiores, o tus jefes, según, y la otra te la amargan los médicos.

También vas a poder entusiasmarte con la evolución de la protagonista (que yo entiendo como una lucha contra el sentimiento-de-pertenencia-a en todos los ámbitos posibles).

Seguramente compartirás la indignación de algunos personajes (críticas varias a la estupidez del ser humano, en concreto al patrio) .

En este país todo lo hemos solucionado siempre con una antorcha y una lata de gasolina -insistió-. ¿Te acuerdas de Eloy Gonzalo? Pues ahí lo tienes. El monumento al pirómano. A poco que escarbemos, en la historia de España no vamos a encontrar más que eso: pirómanos, sermones de curas y pelotones de fusilamiento.

Y, como colofón a todo esto, sorprendentemente, en un momento dado te encontrarás con que tu punto de vista ya no es el que que era (sin tú saberlo).

La verdad es que me lo he leído en 3 sentadas (378 págs.) porque necesitaba saber cómo iba a continuar la historia. He disfrutado muchísimo leyéndola, no solo por la parte de intriga (la parte que engancha y que encima no para de sorprenderte hasta el final) sino por lo bien narrado que está y por la admiración alejada de pedanterías con la que se venera al arte, la literatura en general y al teatro en particular. ¡Muy recomendable!


PD: ¿os cuento un secreto -que no lo es tanto porque ya lo puse en la otra entrada en su día-? Fui alumna suya durante varios cursos en el cole (hace veinte años o así) y me siento tremendamente orgullosa de este hecho. En 2ª o 3º BUP, en un examen, había un ejercicio de sinónimos en el que nos puso «esperpento» y me acuerdo que me inventé la respuesta. Cuando «rendimos cuentas» (jajaja) estaba bastante indignado porque no lo supiera y desde ese día se me quedó grabada la palabra, su significado y su origen. Continué leyendo y conocí mejor a Valle Inclán, a Max Estrella y hasta a Alejandro Sawa 😉 . El mérito de los profesores que son capaces de hacer germinar el gusto por una materia en sus alumnos es impagable.

¡Gracias!

-¿Qué ves? – me preguntó.

-Un esperpento -le respondí sin dudar, convencida de que estaba a punto de recitarme uno de los pasajes más conocidos de la obra y del que yo tan solo recordaba algunas frases sueltas.

-Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas… Fue aquí donde se le ocurrió al genial Max que los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el esperpento, y que el sentido trágico de la vida española solo puede darse con una estética sistemáticamente deformada.

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