Aspasia. Amante de Atenas / Julio Medem

Qué acierto lo de este libro.
Lo vi de reojo en los expositores según me marchaba, volví por mis pasos para cerciorarme de que había visto ASPASIA escrito en grande. Fue que sí. El autor pensé que sería algún filósofo o algún historiador, algo de eso y veo que pone Julio Medem. Julio Medem el director de «Lucía y el sexo» y «Los amantes del Círculo Polar» entre otras.

En cuanto a Aspasia, hablé de ella en la entrada de «Historia de las mujeres filósofas / Giles Menage«.
Supe de su existencia en clase de filosofía y me flipó. No hay mucho escrito sobre ella, pero hay, por lo tanto existir quiero creer que existió. Transcribo parte de lo que ella se decía en Historia de las mujeres filósofas:

«ASPASIA (ca. 470-410 a.C.) Milesia, hija de Axíoco. Enseñó retórica a Pericles y retórica y filosofía a Sócrates. (…) Suidas en «Aspasia» y el escoliasta de Aristófanes en Los acarnienses la llaman sofista y, lo que es rarísimo en su sexo, «maestra de elocuencia». Nos indica Ateneo, en el libro V, que también fue poeta y que muchos de sus versos fueron publicados por Heródico Cratecio.
(…)
Oigamos también qué dice, acerca de Aspasia, el propio Plutarco en su «Pericles»:

(..) dicen que Pericles eligió a Aspasia porque era prudente y experta en cuestiones políticas. También el propio Sócrates la frecuentó con sus íntimos. Los socráticos llevaban a sus mujeres a escucharla, aunque tuviera una escuela poco decorosa y honesta, pues criaba jóvenes que hacían negocio con sus cuerpos .

Asimismo, Plutarco narra que Aspasia fue acusada por el comediógrafo Hermipo de impiedad y de llevar a la prostitución a mujeres libres, de las que se servía Pericles.» 

Hasta aquí parte de lo escrito sobre ella en documentos históricos. Con eso y algunos documentos que supongo habrá consultado el autor, se saca de la manga una vida completa para ese personaje que fue Aspasia, infancia, pubertad, juventud, madurez, vejez y finalmente adiós.

Como el propio autor aclara al final del libro: todo es pura invención (pero yo casi que me voy a quedar con la imagen de ella en esta novela). Para mi gusto, es un complemento perfecto a lo que se sabe con certeza acerca de ella.

La historia la narra la propia Aspasia en los últimos días de su vida, cuando se deja morir de inanición después de que Sócrates cumpliera el castigo de pena de muerte al que le condenaron.

«Hace pocos días me despedí de Sócrates en su celda de Atenas. Se encontraba de muy buen humor, ansioso de reunirse con muchos hombres buenos. Él estaba convencido de que su alma ya existía antes de que naciera, y que seguirá existiendo tras la muerte de su cuerpo, porque no tiene sentido que el al,a no viva tras la muerte, por la misma razón que no salió de la nada cuando nació su cuerpo. Decía que a un estado le continúa su contrario, como a la vigila le sigue el sueño, y a este le llega su despertar».

Como decía, en su recta final narra su vida a unos pocos. La que se encarga de tomar nota de ello, en un futuro será abuela de Alejandro Magno, al cual enviará el manuscrito con la vida de Aspasia de Mileto contada por ella misma.

Ya os adelanto que a lo largo del libro hay un montón de lecciones sobre filosofía clásica e historia. También sirve para hacer un buen repaso sobre mitología clásica, da gusto leerlo de la forma en que lo lee.

Se habla de (y con, en algunos casos) Tales de Mileto, Pitágoras, Anaximandro,  Protágoras, Esquilo, Fidias, Pericles, Leónidas, Jerjes, Temístocles… Y todo ello relacionado con Aspasia, a mi parecer, de forma fluida y, por qué no, creíble.

«-Escuchad… ¿qué son esos ruidos?

-Los barcos, golpeando entre sí -dije.

Mi madre afirmó con una bonita sonrisa.

-Es el ruido del comercio marítimo, que ya existía en Mileto hace más de cien años.

-¿Cuando aquí las calles eran sinuosas, como el río Meandro?

-Sí, y cuando se podía navegar por el río hacia el interior de Persia, y aquí vivían gentes de muy distintas razas, con lo que nos llegaban influencias del este, del oeste, del sur y del norte, pero sobre todo de los dos lugares más importantes de la tierra, Egipto y Mesopotamia. Porque resulta que nosotros estamos en medio. El primero de los filósofos del mundo, el que dio origen a la filosofía, era de aquí y se llamaba Tales de Mileto.

No pude evitar sentir un agradable orgullo de milesia.

-Él aprovechó esta ciudad para conocer gentes de otras culturas, saber de los lugares más remotos y para viajar. Tales se trajo a Grecia la geometría de los egipcios y la astronomía de los babilonios. Hizo además importantes avances en matemáticas; creó una forma de medición de las pirámides mediante las sombras que proyectan en la arena, comparándolas con su propia sombra.»

Aspasia fue respetada por todas y todos (todes). Siguió el consejo materno (a mí, curiosamente, mi madre también me repitió esa leyenda hasta la saciedad):

«-Qué pena que no estemos en el teatro. Me gustó el juego.

-Sí, ¡para ponerme una máscara de hombre!

-No, Aspasia. Ponte mejor la máscara de una mujer, así todos pensarán que dentro hay un hombre. Un hombre con libertad de movimientos, pero sólo tú sabrás que verdaderamente eres una mujer.

Me quedé saboreando esa idea, que creí haber entendido bien.
-Una mujer con máscara de mujer, pero respetada como un hombre.

Mi madre sonrió mientras lo confirmaba.

-¿Y cómo consigo eso, madre?

Me observó en silencio y enseguida lo dijo con claridad:

-Siendo independiente. No dependas de ningún hombre.

-¿Y cómo me gano la vida?

-Ya encontrarás la manera, tú tienes muchas virtudes.

«Hizo una pausa para que apreciáramos la idea.

-He de deciros que yo formé parte de su escuela durante casi veinte años.

La miramos sorprendida.

¿Tú? ¿Estuviste con Pitágoras? -pregunté asombrada.»

Por su parte, creó una escuela de mujeres (como buena experta en retórica que era, según Platón en el Menexeno), objetivo claro para los haters que -obviamente- tenía. Cabe destacar que, en su época: las mujeres debían estar en el gineceo con la pata quebrá (sin derecho a voto y demás, a pesar de la «democracia» griega). Así que lo de la escuela, no gustó a muchos (con o propiamente puesta, en este caso).

Aspasia fue una de las que se rebeló contra algunos dogmas de la época y, además, quiso abrirle los ojos a muchas otras mujeres (y hombres) por medio de la enseñanza. Una feminista clásica (props).

«-Aspasia?-Sí, soy yo.

-Me he enterado de que vas a abrir una escuela de mujeres -me dijo de manera claramente audible para el resto.

Asentí mientras sentía la mirada de la madre y la hermana de la novia, quien se atrevió a preguntarme:

-¿Qué significa una escuela de mujeres?

-Que aquellas mujeres que tengan inquietud por aprender, y salir un poco de sus casas… y sentirse más libres, puedan hacerlo.»

Eso sí, sobre el asunto de la democracia, tengo que destacar esa especie de auditoría que les hacían a los gobernantes al terminar el año, si no habían cumplido con lo prometido: a pagar. Es que me descojono, ¿os imagináis que se hiciera REALMENTE lo mismo aquí?:

Al final del año, como corresponde al cargo de maximo estratego, debía rendir cuentas ante la asamblea; si estas no cuadraban, aparte de imponerle una cuantiosa multa, sería inhabilitado como gobernante.

Dado el plantel que os he comentado, en casi 800 páginas de novela, abundan frases, conversaciones y reflexiones sobre ética y moral, que arrojan sentencias propias de Baltasar Gracián. Ese rollo me flipa:

«-En la prudencia está el origen de la felicidad. Y con los dioses no conviene cometer ni un mínimo error. En cuanto a los orgullosos, cuando el orgullo hincha sus palabras, les caerán las peores desgracias.»

«-En mi opinión, tanto la justicia como la sensatez y la piedad conforman la virtud que es propia del hombre -continuó el sofista.»

Y para terminar, como tema recurrente a lo largo del libro, el hilo conductor, está: EL AMOR. El que vivió ella en concreto (con Pericles u otros) y del amor en general: el de Eros, Afrodita y todas esas historias.

«Al mirar a mi Apolo a los ojos yo me sentía correspondida, más allá de la carne, donde yo también estaba a su altura, y así nos lo decía mos todo, sin abrir la boca. Yo evitaba besarlo, sólo volví a hacerlo en muy escasas ocasiones, porque me trastornaba entera, el hombre se apoderaba de mí, sin él quererlo.»

«-Entonces, ¿qué es el amor? -preguntó Pericles.

-El amor es un deseo -dije mirándole a los ojos.

-¿Cuál?

-El de poseer siempre el bien.»

«-iQuién empieza? -preguntó Pericles. Veamos, Heródoto, tú eres un hombre religioso. ¿Qué tienes que decirnos de Eros?

-Pues parece mentira, pero es un dios del que no se habla mucho. Se sabe de su influencia, pero no es tan popular como los olímpicos. Y eso que es el más antiguo. Por eso se puede decir aquí que, siendo elprimero de los dioses, ya que surgió del caos, sin embargo es el más joven, porque huye de la vejez. De ahí que sea a los jóvenes a los que más asiste. Y así, todo aquel que sea tocado por Eros se convierte en poeta, porque este dios nació para inspirar el amor por la belleza.

-Pero todos sabemos que acompaña a Afrodita -intervino el escritor trágico Sófocles- porque no hay Afrodita sin la presencia de Eros. Y ambos, juntos, atienden así a todo tipo de amores, de hombre a mujer y de hombre a hombre.»

«-El alma es viajera, el cuerpo no. Y el mejor compañero de viaje es, precisamente, el protógono, el impulso creador que surgió del caos primordial y atravesó la tierra preñándola de vida, esa fuerza de atracción que pone en contacto lo mortal con lo inmortal. Miré a Pericles:

Es Eros, mi amor, quien sigue manteniendounidas tu alma y la mía.»

Como conclusión: es uno de los libros con los que más he disfrutado en mi vida. Toca muchos palos de los que soy claramente devota y a pesar del volumen (800 páginas a letra no muy grande) no cansa. Por eso, porque todo lo que cuenta te puede parecer interesante, filosofía, moral, mitología, política… explicado para torpes y no tan torpes.

«Pericles abrió para mí la puerta de su andrón; amplio, con dos grandes ventanas y una puerta que daban al patio. Allí había seis hombres descalzos recostados sobre sus divanes. Agradecí que nohubieran contratado a hetairas bailarinas, ni citaristas, ni flautistas. Yo era la única mujer y ellos al verme llegar se pusieron de pie y me recibieron como a una dama. Pericles hizo las presentaciones.

-Ella es Aspasia de Mileto.

Les hice una leve reverencia.

-La mejor mujer que he conocido en mi vida.»

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