Sangre callada. Relatos rescatados / Montero Glez

Portada de «Sangre callada. Relatos rescatados», de Montero Glez. Editorial West Indies, 2018. Edición de Colectivo Fut i Makak
Portada de «Sangre callada. Relatos rescatados», de Montero Glez. Editorial West Indies, 2018. Edición de Colectivo Fut i Makak

Hoy vuelve al blog uno de mis autores de cabecera y que lleva tiempo sin aparecer por aquí: Montero Glez. Me reencuentro con él por medio de un libro de cuya publicación no tenía ni idea y que se titula: «Sangre Callada. Relatos rescatados» (2018). Se trata de una recopilación de relatos, algunos bastante conocidos. Unos cuantos me han resultado inéditos (a lo mejor los he leído pero ya no me acuerdo), otros me sonaban vagamente y alguno que otro lo recordaba a la perfección, pero todos los he leído y disfrutado con el ansia que me provoca siempre leer a Montero Glez.

En estos cuentos se entrecruza la realidad con la ficción, sus personajes pisan con tronío, son buscavidas y luchadores, en general supervivientes. Historias de ciudades en blanco y negro y con banda sonora propia que va desde el cante de Antonio Chacón hasta la trompeta de Chet Baker. Puedo asegurar que leer y releer estas historias me ha mecido entre el pasado y el presente con el mismo gusto que la primera vez.

-El mejor es Chacón, ya ha oído usted a la gachí.

-Ese es un payo que canta como un canario flauta -contestó el gitano con guasa-. Como Torre no ha nacío naide. Naide.

Sangre callada: «Al sur de tu cintura» y otros relatos (de Roberto del Sur a Montero Glez)

El quinto relato que se incluye en Sangre callada es el conocido «Al sur de tu cintura» (1995), primer título publicado por Montero Glez bajo su seudónimo «Roberto del Sur». Aunque le llevaba un tiempo leyendo, tardé bastante tiempo en conocer a su personaje Pucherito, era más accesible encontrar la obra de Glez que las del Sur así que leí primero otras novelas. Ya casi no me acordaba de él, Pucherito, de Madrid, hijo de madre gitana, que aprende a ganarse la vida como puede y cuya historia merece la pena leer.

Pucherito dejó la escuela bien pronto, tan pronto como cayó en cuenta de que en el reparto le había tocado la porción más estrecha del embudo. Con la ley en contra tuvo que callar maullidos de tripas y mitigar dolores de conciencia. Así ocurrió y desde que el bozo anunciaba sombra ganó sus primeros jurdós. Y como una cosa trae la otra, le dio por ponerse a juntar mantecas en el buche. Y eso sumado a la estatura, herencia de madre, le hicieron el mote de Pucherito. Sin embargo, aún ganando en hechuras nunca perdió agilidad ni grandeza a la hora de pegar una patá por bulerías.

Además de «Al sur de tu cintura», la selección de relatos también incluye «Polvo en los labios» (otro de los relatos más famosos del autor, en el que se habla de la vida y muerte del trompetista Chet Baker). Junto a estos (que recordaba haber leído) también me ha encantado encontrarme por sorpresa con Roque como protagonista del relato «El último Sacramento». Roque es el protagonista de su novela Manteca Colorá, publicada en 2005 (y que me flipa). Como estudiosa del tema (ja, ja, ja) quiero entender que este relato es el germen de la novela, no sé.

Lo que tienen en común todos estos cuentos es que, tal y como ocurre cuando son buenos, sorprenden al lector a lo largo de la trama (que suele ser bastante original) y también en el cierre. Unos finales son más ambiguos que otros, pero si no te dejan conforme es porque te toca a ti continuarlo.

Clases populares, jerga y raíces

Como comentaba en la introducción, muchos de los personajes de los relatos de Sangre callada son buscavidas por encima de todo. Todos tratan de sobrevivir, cada uno desde su posición. En estos relatos vas a encontrar: músicos, putas, indigentes, anarquistas, actrices de Hollywood, mafiosos, serenos, monarcas, flamencos, narcos o maderos.

Lulú venía del fondo de una poza donde la mierda siempre había estado más limpia que ella. Tuvo que espabilar desde muy chica, de ahí la arena de sus ojos y el barro en la mirada.

Siguiendo esa línea, estos textos tan de barrio, tan castizos y tan arraigados a la clase popular, están muy salpicados de expresiones como jurdós, gallofa, andarse al loro, gachís y gachós, mendas, roneos, camelar o ruinoles. Sangre callada muestra una lengua de calés hablando caló y chulos hablando cheli.

Y en cuanto al narrador (en aquellos cuentos en los que lo hay), resulta tan punzante como lo son sus personajes. Emplea un lenguaje afilado y crítico, en algunos casos crudo y siempre directo, que apunta al cerebro, al corazón o a la entrepierna.

Conclusiones de Sangre callada. Relatos rescatados, de Montero Glez

La recopilación de relatos que incluye Sangre callada. Relatos rescatados, de Montero Glez, me ha encantado (lo mismo que volver a leer al autor después de tanto tiempo). La única pega que le puedo poner a este libro es la edición (a cargo de West Indies), que contiene unos pocos fallos de maquetación. No obstante, repito que la selección de los textos me ha parecido acertada y completa.

Montero Glez hace literatura cruda e incendiaria, de la que te quema las manos y arrasa con todo lo que considera injusto. Se le da bien la novela, el ensayo, los artículos de opinión (que es lo que más he leído suyo estos últimos años) y los cuentos, cosa que no recordaba. Si me preguntáis con cuáles me quedo, diría que con: «Lulú», «Sangre callada», «Sin mierda en las tripas», «La favorita» y los ya mencionados «Al sur de tu cintura», «Polvo en los labios», «El último sacramenteo» y «Barrio de las injurias». Y si me obligáis a elegir uno, me quedo con «Polvo en los labios».

Me reafirmo en mi gusto, sigue siendo uno de mis autores preferidos, por la forma en que escribe y por el fondo de lo que escribe. El uso que hace del lenguaje (o de los lenguajes) me maravilla, igual acaricia que pellizca, besa que escupe. Tanto el tono como las palabras elegidas son precisos y emplea la sutileza o violencia que sean necesarias en cada momento. Si te gusta la literatura que araña a conciencia los poderes, que ensalza al que lucha, desprecia al que abusa y retrata sin tapujos: tienes que conocer a Montero Glez.


Nota: Sangre callada (Ed. West Indies) vs Polvo en los labios (Ed. Lengua de trapo)

En 2012 se publicó en Lengua de trapo otro libro de relatos titulado como Polvo en los labios y todos esos relatos aparecen aquí junto a otros cuantos. Esta edición (la de West Indies, 2018) contiene algunos fallos, pero su contenido abarca lo mismo que Lengua de trapo y añade otros seis escritos más.

Polvo en los labios (2012)

  • La mascota
  • El secreto de la Garbo.
  • Sin mierda en las tripas
  • El último sacramento
  • Barrio de las Injurias
  • Rubia de rabia
  • El vestido de la Chata
  • Cuarto oscuro

Sangre callada (2018)

  • Sangre Callada
  • Agüero
  • El año que no jugamos
  • La trampa del diablo
  • Al sur de tu cintura
  • El secreto de la Garbo
  • Sin mierda en las tripas
  • El último sacramento
  • La favorita
  • Barrio de las injurias
  • Rubia de rabia
  • El vestido de la Chata
  • Cuarto Oscuro
  • Polvo en los labios
  • El viento [sic] de Saturno
  • La primera vez
  • Lulú
  • La mascota

Fragmentos de algunos relatos rescatados de Sangre callada

De esto hace cien años, cuando todavía reinaba don Antonio Chacón en el cante y en España lo hacía Alfonso XIII, hijo de la Restauración y nieto de aquella a la que el pueblo de Madrid sabía puta. Pero no nos despistemos, pues aunque la historia se desarrolle en un Madrid hambriento y tenga como protagonistas a un hombre y a una puta, poco o nada gozan, ni el hombre ni la puta, de los privilegios de Palacio.

En una ocasión declaró a los periódicos que la diferencia entre ponerse un pico y esnifar era la misma que hay entre salir disparado en un cohete y montar en ascensor. Tinta siempre fresca. Titulares en papeles que no eran más que actas de defunción de un piojoso, un yonqui, un apestado con manchas de sangre en la ropa y venas sacrificadas por el exceso. Carne de mártir. Víctima de la compasión y también de su propio destino que le engancharía a la tragedia. Había mucho de religioso en su acto. No hay que olvidar que la iglesia fue la primera en señalar con piedra negra, en maldecir o bendecir a los escritores al crear un indice de libros prohibidos. La industria del espectáculo es hija de la misma puta.

-Pero, Lulú, esos billetes estarán manchados de sangre-replicaba yo.

-Da igual, los cambiaremos en moneda.

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