De «bichos», plantas y vacunas. Breves historias de divulgación científica / Jorge Poveda Arias

Así, sí, joé. Después del destrozo espiritual que supone Serotonina me doy de bruces con pura vida. Esto sí que me motiva, joder.

Muchos sabréis que otra de mis mayores aficiones son las plantas, algo que cada día me gusta más (y parece que yo también les gusto a ellas) y que, en general, siempre he sido muy de ciencias. Me apetecía algo de divulgación y no sé bien como di con este libro, pero ha sido un acierto.

El autor es un joven biólogo (nacido en 1991 pero ya tiene sus doctorados, másters y posgrados correspondientes) salmantino interesado especialmente en entomología (estudio de los insectos, como Grisom en CSI), microbiología, fitopatología (enfermedades de las plantas), biotecnología vegetal y en la alimentación. Y que además, dada la dedicación que conlleva escribir un libro de este tipo, es claramente un divulgador nato. En la contraportada aparece una ilustración y una única frase atribuída al autor:

«La ciencia que no es divulgada hacia la sociedad, es como si no existiera»

Y para hacer que exista, ha escrito un libro como este, formado de breves historias de divulgación científica. Todas ellas (como no podía ser de otra forma) incluyen un apartado final con referencias bibliográficas e información relacionada, es decir: a ver, que no me lo invento yo, que esto está en este estudio, en este otro y en este de más allá.

Apenas ocupan dos o tres páginas cada historia y algunos de los títulos de los capítulos son: ¿Cómo hipnotizar a un escarabajo?, Raices fúngicas, Orugas zombis por comer mucha planta, La ciencia de los médicos de las plantas, La mujer que salvó los olmos, ¿Existen los tumores vegetales?, EI «WhatsApp» de las plantas, ¿Cuántos sentidos tiene una planta?, El maíz Bt: un transgénico «español», Arroces salvavidas: la creación del arroz doradoy del púrpura, Balmis: el médico español que luchó contra la viruela, No todos los héroes llevan capa: la lucha contra la polio.

Y no son todos, pero creo que sirve para hacerse una idea del contenido del libro. Cuando te plantas (jeje) ante todos estos temas, pero explicados en dos o tres páginas a lo sumo, es imposible que te aburras por mucho vocabulario «extraño» que parezca que hay. Cuando te das cuenta estás ya en otro tema y lo mismo, lo mismo, te quedas con el nombre de alguna hormona de alguna planta.

Como me ha pasado con el jasmonato. Eso es LA OSTIA. Es una hormona que las plantas emiten cuando están siendo atacadas por algún depedador (bicho o x), de forma que sus plantas hermanas-cercanas estén advertidas y puedan generar sus propias sustancias que ahuyenten a los atacantes o atraigan a depredadores de estos, por ejemplo.

Además, dentro de estos compuestos debemos incluir otros volátiles que también emiten las plantas, no para avisar a sus compañeras, sino para atraer a depredadores y parasitoides de insectos que se estén alimentando de ellas, como otros insectos, arañas, pájaros o lagartos. De la misma forma en que sus flores emiten aromas que atraen a diferentes polinizadores.

¿Os habéis preguntado alguna vez cuántos sentidos tienen las plantas? y hablando de estos, ¿seguís pensando que son 5 los sentidos que tenemos los humanos?. Habréis oído cosas… pues Jorge nos explica un poco cómo está el asunto actualmente:

En los últimos años, la vieja idea enseñada en las escuelas referida a que los seres humanos tenemos cinco sentidos está cada vez más desechada. Por supuesto somos capaces de oler, oír, tocar, ver y saborear, pero estos sentidos deben subdividirse a su vez en otros, como pueden ser la percepción de la luz y de los colores o los diferentes sabores. E incluir otros sentidos como el equilibrio, la capacidad de sentir el funcionamiento de los órganos internos, la termocepción, la nocicepción o percepción del dolor, e incluso la capacidad de ser conscientes de las variaciones de azúcar en sangre, hasta un total de unos 26 sentidos en los seres humanos.

También el rollo de los super alimentos es muy interesante, o el de las vacunas «comestibles».

Pero esto no es ciencia ficción, pues ya existen numerosos alimentos vegetales capaces de acumular estas «vacunas», como por ejemplo la vacuna contra la hepatitis B o contra el VIH en tubérculos de patata, la del sarampión en hojas de lechuga, la de la rabia en tomates o la del ántrax en espinacas.

Habla sobre enfermedades de las plantas y del importante papel de algunos investigadores e investigadoras, como la fitopatóloga Christine Buisman que demostró que un hongo era el culpable de una de las enfermedades más devastadoras para los olmos. Gracias a esto se dedicó posteriormente, mediante clones, a crear ejemplares resistentes a este hongo. Y salvado el olmo.

También hay historias curiosas sobre algunas enfermedades producidas por otros hongos, en plantas como el centeno, que provocaban que al ser ingerido se tuvieran alucionaciones. Esto pudo llegar a ser considerado como brujería, y más de uno terminó quemado por haberse envenenado con la harina. Flipa.

Sobre esto también es curioso que, estos alcaloides sintetizados en los granos de centeno fueron aprovechados posteriormente por Hoffmann en su gesta de la creación del LSD.

En otro capítulo te habla de cómo algunas plantas (tomates) son capaces de incitar al canibalismo a las orugas que les están atacando y en otro te cuenta cómo hay hongos que seducen a bichos para atraerlos hacia ellos, contagiarlos además y poder así esparcir sus esporas.

«con el fin de seguir infectando a otros escarabajos, el hongo crece de tal forma dentro del escarabajo que hincha el abdomen y abre las alas del insecto. Esta postura es percibida por los escarabajos macho como una hembra receptiva de ser fecundada y provocará la masiva llegada de machos para reproducirse. En el fallido intento sexual con los cadáveres infectados, nuevas esporas se pegarán a los machos ansiosos por reproducirse, que morirán en pocos días y esparcirán aún más el hongo

Hay en un capítulo en el que habla sobre la cooperación entre algunas plantas y las hormigas. Sobre este asunto me habría gustado hacerle alguna pregunta al autor sobre los pulgones, qué relación tienen entre los tres: planta-hormiga-pulgón. Cuando hay pulgones hay hormigas, lo que no sé es quién llega pimero. ¿Y las mariquitas? esas se comen a los pulgones. Estaría guay tomarse un café con el autor y abordarle con mis tonterías de aficionada a las plantas.

En fin, que es libro para recomendar a todos los que les gusten las plantas y disfrutar leyendo curiosidades en forma de divulgación científica de vez en cuando. Y si además el lector tiene buena memoria, encima al terminar, habrá llenado su cabeza de un montón de datos interesantes (y en muchos casos prometedores).

Yo en la cabeza no creo que lo retenga, pero para eso tengo esto, este blog.

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