Memorias de una suegra / George R. Sims

Esta vez os traigo un clásico de la literatura inglesa: «Memorias de una suegra». Se trata exactamente de lo que indica el título: este libro recoge las memorias de lo que se supone que es la típica suegra inglesa, de clase media-alta, a finales del siglo XIX.

Lo primero que quiero confesar es que cuando comencé el libro busqué en google si eran unas memorias reales o unas «falsas memorias», quería asegurarme de que el autor (George R. Sims: periodista, dramaturgo, novelista, hombre de buen vivir) no tenía nada de suegra. Incrédula, lo confirmé. ¿Pero cómo un tío ha podido escribir esto?

Pues «el tío» es el de la imagen. Por lo que dice la wikipedia era muy de sátira y, vista esta novela, debía ser un cachondo. En general, la lectura me ha mantenido con una sonrisilla casi perenne en la cara y alguna carcajada también me ha arrancado. ¡Menuda tipa la señora Jane Tressider!

La verdad es que el libro debería haberse llamado «Memorias de una madre (primero) y suegra (después)». Es cierto que difícilmente se es suegra sin haber sido madre y, aunque así fuera, no sería el mismo tipo de suegra. O no ESTE tipo de suegra, seguro. Una fiera.

Sabe Dios no me faltan motivos para haberme convertido en una fiera. Nadie cría a nueve hijos (siete de ellos casados) sin tener que enfrentarse a algo que ponga a prueba su genio y que nos haga desconfiar ocasionalmente de la naturaleza humana, por no hablar de los criados y del marido, que, a pesar de ser un hombre de probada inteligencia en los negocios, es un auténtico inútil en lo que concierne a la casa.

Jane es una finolis, bastante criticona, controladora y manipuladora pero también es una tipa valiente, luchadora y sincera. Su máxima en esta vida es salvaguardar a sus hijas e hijos de los males que acechan en el mundo, hijos que para ella siempre serán «sus pequeños».

«Madre», gritará nuestro hijo convertido en un hombre casado, quizá incluso con hijos propios, «ya no soy un niño». Quizá no lo sea a sus propios ojos, y tampoco a ojos del mundo, pero a los ojos de su madre, sí lo es. Es un niño y siempre lo será. Aunque no me considero una mujer sentimental, sí hay algo en lo que soy incapaz de pensar sin que se me llenen los ojos de lágrimas: la historia de esa anciana madre sentada en el lecho de muerte dđe su hijo, un hombre de sesenta años, arrugada y envejecida por una vida azarosa y levantando suavemente de la almohada la cabeza de grises cabellos y apoyándola contra su pecho mientras le rezaba a Dios para que no se llevara a «su niño, a su pequeño».

De esta forma nos va contando historias de sus hijas, hijos, yernos, nueras o consuegras. La verdad es que te echas unas buenas risas, Jane tiene unos arranques que dan miedo y no da puntada sin hilo.

Cuando el marido de tu propia hija es capaz de amenazarte con el poder de la ley y tu marido se pone de su parte, es hora de que las mujeres de espíritu independiente reafirmen los derechos de su pisoteado sexo

De esta forma, nuestra narradora, quiere romper una lanza a favor de ellas, las suegras, intentando que el resto del universo comprenda el porqué de su forma de actuar.

Las suegras hemos sido siempre unas incomprendidas, y supongo que siempre lo seremos. Nadie ha expresado jamás con rigor su postura. Eso es lo que yo intento hacer aquí, y por eso, ahora que todos mis hijos, excepto dos, están casados y dispongo de más tiempo, he decidido defender la causa de la más maligna de las razas sobre la capa de la tierra. Estoy convencida de que cuando haya relatado mis experiencias habré dado un cariz distinto a la cuestión.

Seguramente conforme vayas leyendo reconocerás escenas o historias que has visto o vivido. Aunque aquí no seamos de té ni de tanto convencionalismo y aunque la sociedad haya avanzado en muchos aspectos: una madre leona es una madre leona. Y, esta, se descontrola en muchos casos.

Les aseguro que fui a esa casa con el propósito de ser lo más agradable posible, y doy fe de que puedo serlo cuando me lo propongo. Aunque algunos de mis hijos no lo crean así, hay quien ha reparado en el maravilloso control que a menudo ejerzo sobre un genio que el tiempo ha puesto dolorosamente a prueba, y cuando no llevaba ni cinco minutos en la casa esa mujer logró enervarme muy considerablemente. Estoy convencida de que lo hizo a propósito.

Se puede decir que es un libro (clásico) para pasar buenos ratos con una señora very British, con muy mala leche y muy estirada, que en más de una ocasión puede llegar a enternecerte cuando deja asomar su corazoncito (aunque este corazoncito vaya -figuradamente hablando- con un puño americano preparado para reventar a aquel que intente chulear a cualquier miembro de su familia, especialmente a sus hijos e hijas). Eso sí, no se lo regaléis a vuestras suegras a ver si van a pensar que hay alguna indirecta escondida (saldréis perdiendo seguro).

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