El hombre que inventó Madrid / Javier Puebla

Novelaza, en tamaño y en contenido. Fue un regalo de mi madre y recomendado por un librero de su localidad, esa gente no suele fallar. Tiene ya unos tres años y no es un bestseller. Es de esos libros a los que se llega por el boca a boca, por haber leído algún artículo o alguna entrada de blog (con esto animo a cualquiera que se lo lea, sea o no -de aquí- de Madrid).

Cuenta la historia de José de Salamanca, al que ahora se conoce como «El marqués de Salamanca» a pesar de que el título de Marqués se lo dieron (bueno, se lo dio Isabel II) más bien tarde. Cuando empieza el libro aún no lo era. Y otra de las cosas que más conoce cualquier madrileño, es haber sido el que impulsó y financió la creación de lo que se convirtió en el barrio más pijo de la capi, con calles cuadradas y grandes avenidas: el barrio de Salamanca.

Consiguió que muchos nobles dejaran Chamberí para mudarse a lo que entonces podrían considerarse afueras. Reflexiona José (Jo-sé en boca de María de Buschental) en el libro:

«-Desde que llegué Madrid me pareció un poco pequeño, pero tras tantos años pasados en esta ciudad se me ha vuelto tan minúscula que ronda lo insoportable. No hay quien salga a dar un paseo sin encontrarse mil conocidos que le fastidian y cargan. Nos merecemos residencias más amplias, calles rectas y avenidas con bulevares. Madrid no debería tener nada que envidiar a París.»

Pero esto solo ocurrió al final de su trayectoria vital (último tercio), mientras tanto tuvo tiempo de ser empresario, político, corredor de bolsa y tantas cosas más. Un influencer del siglo XIX.

El libro nos dibuja un funambulista (mitad funambulista, mitad gato: en el libro muere más de una vez) del dinero y los negocios, sabiendo a quién camelar, cuándo y hasta dónde. Intrigas que tienen lugar en los jardines o salones de Palacio (se dice, se cuenta, que manejó a la pequeña -y poco inocente- Isabel, desde el Palacio de Vistalegre hasta Aranjuez). También en los cafés más populares (donde la rumorología movía montañas), en el parqué (especulando en bolsa), en tertulias privadas en casa de alguien (muy) bien posicionado o hasta en los mejores burdeles (Madrid, París o donde le pillase).

Todos estos lugares tienen en común que su público son empresarios, nobles y militares de alto rango (por no decir, directamente, jefes de estado como Narváez). Es decir, desde donde se manejan los hilos de todo el territorio.

La cantidad de apellidos que conoces o te suenan al ir leyendo, es larga. Como siempre he esquivado el quesito amarillo del Trivial, en mi caso, muchos me suenan por ser nombres de calles (véase Serrano, Narváez, Escosura…) principalmente.

Voy a hacer hincapié en algunos personajes que merecen mención (además del protagonista, su mujer y su «chico de los recados»):

  1. Narváez. El rollo de que hable ceceando tenía que ser un cachondeo, exactamente igual que en Pijus Magníficus en «La vida de Brian». Menudo notas. El eterno enemigo de José de Salamanca. Es difícil que te caiga bien. Es uno de los malos, si no, el malo del libro
  2. Isabel II. Menuda prenda.
  3. María de Buschental. Mujer de José de Buschental. Es la que pronuncia Jo-sé. Se trae un rollito de tensión sexual con José de Salamanca a lo largo del libro, del mismo modo que sirve como mediadora en muchos de los temas políticos/empresariales, tanto respecto a su marido como respecto al resto de figuras que pasaban por sus salones para las tertulias. He buscado en google a ver qué encontraba de la notas, y he dado con una edición del ABC de fecha 02/12/19, pero de 1919, en la que hablan de ella. Hace casi exactamente 100 años cuenta:
    «La Buschental, mujer arrogante, bellísima, lució en los tiempos de doña Isabel II, en los de la revolución, durante el reinado de D. Amadeo, en la República, en la Restauración y en la Regencia. Trató a los hombres principales de más de medio siglo; tuvo a su mesa jefes de Gobierno, caudillos poderosos, grandes oradores, renombrados literatos.
  4. Alejandro Dumas. El admiradísimo escritor de José de Salamana, que se propuso conocerlo y le conoció finalmente hasta terminar siendo colegas. No aparece mucho, pero cala.

En cuanto a su historia, tampoco quiero fastidiarle a nadie el libro, así que no diré mucho más. Para mí ha sido todo un descubrimiento saber que lo del barrio, es lo de menos. Que el notas este, tuvo TANTO PODER… y que seguramente sus descendientes lo sigan teniendo.

Por lo demás, se respira costumbrismo y Madrid por todos los poros. Si te has leído «Las noches del buen retiro» de Pío Baroja, y te gustó, entonces este te gustará en ese aspecto. Lo de la «casa de fieras» del Retiro, me ha dejado loca:

«En la casa de fieras del parque del Retiro se había organizado, con el beneplácito de la Casa Real, una pelea entre animales que se había convertido en el epicentro de todas las conversaciones, tanto en las plazas públicas como en los salones. Iban a enfrentar a un auténtico tigre de Bengala contra un fiero oso de los Pirineos. Las apuestas habían comenzado a cruzarse diez días antes de la lucha, y una semana antes ya era imposible conseguir una entrada para asistir al espectáculo.La mayoría de los madrileños, que llegado el día se arremolinarían en torno al coso de las fieras saturando los paseos y los jardines, tendrían que conformarse con las noticias que les fueran llegando, y que correrían de boca en boca hasta conformar mil historias distintas a la que en realidad sucediese en el foso, y así cada uno se imaginaríaa su modo y manera qué animal era más fiero o más duro y resistente, y cuál habría merecido ganar -aquel por elque ellos apostaron- con independencia del verdadero resultado»

En fin, una novela hostóricamente madrileña que he devorado en los ratos en los que me he puesto con ella. Un recordatorio de historia, para aquellos que desde el cole no hemos vuelto a leer ciertos nombres -más allá de en callejeros-, que se lee de forma trepidante.

Recomendadísima.



«Tendría que haberte enseñado más cosas de Madrid, padre. Haberte llevado a más sitios. Pero pensaba que ibas a durar siempre, o mejor dicho, prefería no pensar que no ibas a durar eternamente. Supongo que es una debilidad en la que, respecto a sus padres, incurren la mayoría de los hijos»


 «Tuve que matarlo. Pero una parte de mí se fue para siempre con él. Como escritor sé que no me equivoqué, pero como persona, como ser humano, probablemente cometí el error más grave de mi vida. Y aunque mantengo la fachada, y sigo siendo el autor más leído de Francia, quizá de toda Europa, desde que dejé morir a Porthos, desde que lo maté, ya no me satisfacen como antaño ni el éxito ni el dinero. Daría un baúl lleno de monedas de oro para poder resucitarlo. Hasta hablé con el editor cuando la novela se publicó con todas las entregas en un solo libro. «Hágalo si quiere, señor Dumas. Devuelva la vida a Porthos». Y lo intenté. Pero era inútil. Quizá haya quien sepa cómo se logra resucitar a un personaje,  pero yo no. Yo no sé

«en Madrid comenzó a adquirir cuantos terrenos había disponibles en las proximidades del arroyo de Chamartín. Había decidido que construiría su propio barrio. El suyo. A su gusto y medida. La ciudad, eso era cierto, se ahogaba en los estrechos límites que le había impuesto Felipe IV.

– Desde que llegué Madrid me pareció un poco pequeño, pero tras tantos años pasados en esta ciudad se me ha vuelto tan minúscula que ronda lo insoportable. No hay quien salga a dar un paseo sin encontrarse mil conocidos que le fastidian y cargan. Nos merecemos residencias más amplias, calles rectas y avenidas con bulevares. Madrid no debería tener nada que envidiar a París.»

«El dinero y los cojones… Están para las ocasiones.»

Contraportada:

«Noble y truhán, generoso y trapacero, caprichoso y ecuánime, José de Salamanca (1811-1883) es uno de los grandes personajes del siglo XIX español. Capaz de arruinarse y hacerse inmensamente rico en varias ocasiones,intuyó como nadie el mundo que surgíatras la revolución industrial: pionero del ferrocarril, inversor internacional y especulador en bolsa, también fue un político de larga -y variable- trayectoria y un mecenas de las artes, que supo veresa gran urbe que Madrid todavía no era pero sería, porque ya estaba empezando a cobrar forma en su imaginación imparable, llegand a dibujar un barrio entero, que aún lleva su nombre, a su exacto capricho y medida. El bombre que inventó Madrid, de Javier Puebla, podría ser una novela histórica, una novel negra o incluso una novela picaresca pero sobre todo es el apasionante relato de un hombre y su época que nos sigue sorprendiendo por su inquietante contemporaneidad.»

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